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Ante el Paro Nacional y la ola de desobediencia popular en Colombia

category venezuela / colombia | community struggles | portada author Wednesday September 04, 2013 04:55author by Grupo Libertario Vía Libre Report this post to the editors

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Enfrentamientos en Ubaté, Cundinamarca, 26 de Agosto

El gobierno de Juan Manuel Santos, desgastado en su tercer año de gobierno y afectado por una creciente crisis de legitimidad, es sacudido por una tormenta de descontento social fruto de la superposición de diferentes crisis sectoriales como las del agro, el transporte, la salud, la educación, entre otras, en medio de la desaceleración del crecimiento del producto interno bruto y los primeros síntomas de crisis de la economía nacional.

Afectados por una larga depresión agraria e industrial originada en la apertura económica de hace dos décadas, la desigual y excluyente recuperación del precio de las materias primas que se presentó en algunos países periféricos en la actual crisis capitalista, y el efecto de shock, producido por el primer año de implantación del Tratado de Libre Comercio TLC con Estados Unidos, al que este gobierno ha sumado 20 nuevos acuerdos librecambistas, importante sectores campesinos, artesanales, mineros y de trabajadoras del transporte han hecho estallar su indignación, y han organizado un Paro Nacional de características principalmente rurales y expresiones aun fragmentarias, que ha sumido el país en una coyuntura de desobediencia popular, continuando y profundizando el repunte de la lucha de clases que vivimos en el país desde 2008, así como elevando el nivel del ciclo de protestas 2011-2012.

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    El gobierno de Juan Manuel Santos, desgastado en su tercer año de gobierno y afectado por una creciente crisis de legitimidad, es sacudido por una tormenta de descontento social fruto de la superposición de diferentes crisis sectoriales como las del agro, el transporte, la salud, la educación, entre otras, en medio de la desaceleración del crecimiento del producto interno bruto y los primeros síntomas de crisis de la economía nacional. Afectados por una larga depresión agraria e industrial originada en la apertura económica de hace dos décadas, la desigual y excluyente recuperación del precio de las materias primas que se presentó en algunos países periféricos en la actual crisis capitalista, y el efecto de shock, producido por el primer año de implantación del Tratado de Libre Comercio TLC con Estados Unidos, al que este gobierno ha sumado 20 nuevos acuerdos librecambistas, importante sectores campesinos, artesanales, mineros y de trabajadoras del transporte han hecho estallar su indignación, y han organizado un Paro Nacional de características principalmente rurales y expresiones aun fragmentarias, que ha sumido el país en una coyuntura de desobediencia popular, continuando y profundizando el repunte de la lucha de clases que vivimos en el país desde 2008, así como elevando el nivel del ciclo de protestas 2011-2012.

    Abanderando el proyecto político de un sector de la burguesía nacional, que pretende convertir al país en una potencia regional comprometida pero autónoma frente al Imperialismo Estadounidense y abierta a Asia, busca modernizar un Estado atrasado y profundizar la penetración del capitalismo en el país, el gobierno santista ha establecido un proceso de paz con la guerrilla de las FARC-EP y una política de apertura liberal limitada de algunas estructuras sociales añejas y oligárquicas sobre todo el campo, que ha desatado una ola de expectativa y esperanza de importantes sectores de la población, esperanzas que por sus propias características el régimen no puede satisfacer, y cuya frustración y aplazamiento han despertado la ira de millones. Todo esto en medio de un periodo pre electoral donde el gobierno busca asegurar su propia reelección; la izquierda parlamentaria abocada a la moderación política y el electoralismo, se encuentra desunida, y en la necesidad de aumentar su presencia social frente a la amenaza de perder su participación institucional desarrolla una dinámica compleja de dialogo de paz que ha asumido la única fórmula que el gobierno considera eficaz, la de una negociación cerrada, en el exterior y sobre todo realizada en medio de la guerra, que ha llevado a una avivamiento del conflicto no en su dimensión militar que mantiene su continuidad de guerra irregular con superioridad del Estado pero con la incapacidad de este de derrotar a la guerrilla, sino sobre todo social, dimensión que nos da la clave de presión y participación de las de abajo, para que un Estado autoritario y militarista ceda garantías a la paz.

    Cuestionando en conjunto las políticas excluyentes del actual gobierno y el modelo neoliberal con algunos, aun oscuros, pero importantes elementos anticapitalistas, movilizándose por demandas inmediatas como subsidios y planes de inversión articuladas a demandas estratégicas como la defensa del territorio, y la economía campesina y artesanal, los sectores en lucha se han convertido en protagonistas colectivos de la política nacional y centro de la atención pública por cerca de tres semanas. Desbordando no solo al gobierno y la fuerza pública, sino a la misma izquierda y a las organizaciones sociales, este Paro extenso pero disperso, multiforme y desigual, intermitente pero contundente, ha sabido juntar en una sola protesta cuatro grandes olas de rebeldía: La de los mineros artesanales y ancestrales del Choco, Antioquia y la región Cundiboyancense, todos en condiciones de pobreza e informalidad, que luchan por el mantenimiento de su trabajo amenazado por un gobierno que los persigue y criminaliza buscando despejar el campo para la explotación minero-energética de grandes multinacionales y habían iniciado su propio paro hace más de un mes; la de los camioneros y pequeños propietarios de vehículos sobre todo del occidente del país que resienten los planes de modernización liberal del gobierno que buscan proletarizar el gremio y construir monopolios empresariales, así como políticas como el alza de la gasolina y la tasas usureras de los peajes que venían acumulándose desde el 2010; lade los campesinosempobrecidos y cercanos a la quiebra, que constituyen la ola más importante de todas, en su mayoría cultivadores de la región andina así como del Pacifico y los Santanderesde productos como papa, cebollay arroz, así como de panela y leche, afectados por el crecimiento del modelo agro industrial, la entrada masiva de productos agrícolas subvencionados y una larga red de intermediarios y especuladores, que continúan la estela de los paros de los cultivadores de café y los colonos cocaleros del primer semestre de ese año; y las protestas cívicas que en poblaciones y barrios han visto en esta coyuntura el momento justo para manifestarse, a partir de demandas clásicas como salud, vivienda y trabajo, y sujetos como los moto taxistas, las poblaciones afectados por el invierno, los trasportadores intermunicipales o los jóvenes de barrios populares.

    Apaciguado el segundo paro cafetero y las protestas cacaoteras, dividido el sector de los transportadores, fracasado el intento de invisibilización del Paro Agrario y la estrategia de diálogos regionales en las zonas más conflictivas, en medio de la ruptura por orden gubernamental de las negociaciones nacionales, el gobierno santista que durante todo este movimiento ha sido marcado por una política represiva fuerte pero desigual que ya se cobró 8 vidas de manifestantes desarmados, se ve enfrentado a una situación hasta ahora inédita en nuestra generación, en la que un Paro Nacional convocado por el movimiento popular impacta realmente en un país que había presenciado el silencioso y dramático fracaso de las jornadas del 2006 y el 2008 convocadas por la CUT y la del 2012 por la COMOSOCOL, y un movimiento de protesta que logra cercar las ciudades desde el campo y a través de los bloqueos de carreteras departamentales, principal forma de lucha de la actual coyuntura, genera una paralización relativa de muchas de las vías centrales del país y un creciente desabastecimiento alimentario.

    Aquí son merecidas las analogías con el Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977, la mayor jornada de lucha de masas de nuestra historia reciente, sucedido durante el gobierno del presidente liberal Alfonso López Michelsen, y con ironía históricacuyo frustrada gestión ha sido conmemorada en estos días por Santos y tristemente también por opositoras liberales a su gobierno como Clara López presidenta del PDA y Piedad Córdoba lideresa de Marcha Patriótica, lo que nos señala limitaciones de estos proyectos políticos. La apelación a la experiencia del Paro de 1977 y su reivindicación que en particular nuestra organización se ha esforzado por posicionar con éxitos significativos dentro de las luchas sociales actuales, nos permite analizar las similitudes entre ambos contextos como las esperanzas frustradas de reforma, la superposición de crisis sociales y el inicio de crisis económicas, así como sus importantes diferencias como el protagonismo urbano y la enorme presencial sindical obrera que marcarían la experiencia de los setenta. También son importante los parecidos de este movimiento con los fuertes paros cívicos regionales de la segunda mitad de la década de 1980, siendo el caso actual un despliego menos masivoy belicoso,aunque más coordinado nacionalmente y con más presencia multisectorial. De esta forma consideramos que el actual movimiento es tanto continuador de la nuestra tradición popular de los Paros Cívicos locales y nacionales como expresión inédita del descontento en nuestro presente histórico.

    El panorama de este movimiento es complejo pero alentador: Por un lado la fuerza de la movilización aunque desgastada se mantiene, más sectores cívicos se suman a la protesta y el impacto del mismo crece en el país, siendo claro el buen funcionamiento federativo aunque laxo de la Mesa de Interlocución y Acuerdo MIA y dentro de ella el protagonismo de sectores independientes no organizados, así como el liderazgo de una FENSUAGRO vinculada a Marcha Patriótica y el de las Dignidades Campesinas (papera, arrocera, cebollera, cafetera) influenciadas por el MOIR. Por otro lado,se desarrolla muy desigualmente el paro parcial de las trabajadoras de la salud agrupadas en ANTHOC, el paro nacional petrolero sin paralización de la producción de 24 horas levantado por la USO en ECOPETROL,al mismo tiempo que se avecina la movilización de las profesoras de los colegios públicos agrupadas en la FECODE, la federación sindical más importante del país, con un segundo llamado al Paro Nacional esta vez para el 10 de septiembre, con unas bases descontentos con la dirección concertacionista, así como la convocatoria el paro nacional de estudiantes universitarios en defensa de Ley Alternativa de Educación Superior convocado por la MANE para octubre. Sin embargo, también el gobierno endurece su posición rompiendo los diálogos, militarizando los zonas en conflicto, criminalizando a sectores del conflicto como Marcha Patriótica y judicializando a los líderes de la protesta como Hubert Ballesteros, y se muestra con claridad una grave limitación del movimiento popular actual en cuanto a la participación orgánica de las trabajadoras urbanas, en barrios y puestos de trabajo, sector altamente desorganizado pero decisivo por su peso demográfico y productivo para realizar cualquier cambio de peso en el país. En este aspecto es claro que este movimiento aunque irrecuperable para el uribismo, por sus consignas anti neoliberales y antimilitaristas, si puede ser usado por el sector neoconservador del ex presidente para capitalizar el descontento que genera entre ciertas franjas de la población la incomunicación, el desabastecimiento y los focos mal dirigidos de violencia, así como el temor de un nuevo recrudecimiento de la lucha de clases en el país y la posibilidad de un cambio social.

    En esta coyuntura las anarquistas organizadas de Bogotá hemos participado en la medida de nuestra limitadas pero crecientes fuerzas en algunas de las convocatorias de agitación, solidaridad y protesta realizadas en la ciudad y el departamento de Cundinamarca, principalmente como vecinas populares en la marcha del lunes 19 de agosto en la ciudad de Facatativá y como estudiantes y educadoras populares en la jornada nacional de lucha del pasado 29 del mismo mes. Para el grupo las lecciones del movimiento son claras: Debemos promover una gran campaña de solidaridad con todas las luchadoras, buscando la unidad consciente y programática de los conflictos del campo y la ciudad, preparando el terreno para una inminente jornada unitaria de Paro Cívico Nacional, impulsando el fortalecimiento de las organizaciones populares y su combatividad en las zonas en las que estalla la ira y extendiendo la protesta a nuevos territorios. Así mismo debemos defender la legitimidad del Paro, especialmenteel corte de carreteras como su principal modo de lucha y la violencia política popular como herramienta de autodefensa, al mismo tiempo que buscamos la participación protagónica de las comunidades locales, impulsando la organización y el control colectivo de acciones de fuerza decididos por la organización de base y limitados por esta en sus efectos negativos, al mismo tiempo que contribuimos a diversificar el repertorio de acciones para un eventual reflujo. De esta manera creemos que debemos buscar convertir el Paro en laboratorio práctico de nuestro propio poder, auto gestionando y luchando nuestras necesidadesy aspiraciones de cambio social, aumentando el trabajo de agitación y organización entre las trabajadoras urbanas y empezando nuestra vinculación con los sectores rurales más dinámicos, luchando contra el gobierno Santista y el modelo neoliberal, al mismo tiempo que profundizamos y abrimos nuevos campos para la pelea libertaria contra el Capitalismo y la dominación Estatal.

    ¡A parar para avanzar, viva el Paro Nacional! ¡Ahora a levantar, un gran Paro Unitario, del campo y la ciudad! ¡Con palos, machetes, otro 77!

    Grupo Libertario Vía Libre de Bogotá

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