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La democracia de masas: una apuesta libertaria para el actual período

category bolivia / peru / ecuador / chile | la izquierda | portada author Monday August 05, 2013 16:16author by Diego Ramírez y Martín Alvarez - Centro de Estudios Libertarios Report this post to the editors

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El comunismo libertario en Chile se ha desarrollado de manera potente y acelerada durante los últimos 14 años, período en el que pasó de pequeños grupos de jóvenes ligados al anarco punk a la construcción de organizaciones políticas, a tener dirigentes en organizaciones de masas y a transformarse poco a poco en un actor político relevante. Las responsabilidades aparejadas a esa nueva situación nos plantea retos y desafíos en un contexto político y social diferente al que hemos experimentado en el pasado, y que van exigiendo posicionamientos políticos más desarrollados.

Es por eso que hemos intentado plantear en este texto algunas luces respecto a las reflexiones y trabajos que creemos debemos realizar como sector, potenciando la reflexión política colectiva. En este sentido, este artículo es el resultado de una serie de reflexiones y discusiones realizadas entre varios compañeros y compañeras libertarios. No pretendemos aquí planificar o elaborar las tácticas específicas para los temas tratados, sino más bien introducir esa discusión y delinear los márgenes sobre los que creemos se debe desarrollar dicha discusión.

A enfrentar los desafíos del momento



Durante los últimos años, los militantes de la izquierda libertaria hemos sido testigos y partícipes de una serie de luchas protagonizadas por distintas franjas del mundo popular, y de las acumulaciones organizativas que ellas han traído. Hace no más de diez años, las tareas a desarrollar eran las de la inserción y organización, y gracias al desarrollo de la historia y del incansable esfuerzo de cientos de militantes, activistas y actores sociales, hoy podemos ver los frutos del trabajo de acompañar la experiencia de un pueblo golpeado terriblemente por la dictadura, pero férreamente dispuesto a conquistar su dignidad. Así, además de los estudiantes (que actuaron como punta de lanza de la conquista de la calle como espacio político) hoy vemos aflorar diferentes luchas sindicales, algunas con muy potentes organizaciones de base detrás, surgir luchas en defensa del medioambiente, observamos el engrosamiento y la presencia cada vez más visible de las demandas de género, la inagotable capacidad de movilización por el derecho a la vivienda y un sinnúmero de medios de comunicación alternativos. Por otra parte, el desarrollo de reivindicaciones cada vez más profundas que se han convertido en bandera del pueblo y su choque permanente con los márgenes del régimen neoliberal han desarrollado al mismo tiempo un discurso popular en contra del neoliberalismo, comprendiendo su origen histórico en la dictadura, y su continuidad bajo los gobiernos tanto de la Concertación como de los partidos de la Alianza.

Este proceso, verdadera acumulación política de las últimas décadas, nos obliga como militantes revolucionarios a la reflexión en torno a los pasos a seguir en este escenario, sobre todo en un año de elecciones presidenciales, en el que gran parte del arco de la izquierda se encuentra pensando en el ámbito de las disputas presidencial y parlamentaria. A la vez, tenemos el deber de pensarlo desde nuestra matriz particular como izquierda libertaria, aventurándonos en un terreno de discusión pocas veces resuelto por nuestra corriente: el de la institucionalidad, la disputa política y la relación entre estas dos dimensiones.

Esta discusión acerca de la institucionalidad se vuelve particularmente necesaria y relevante en un país con las características del nuestro, con un Estado maduro y legitimado socialmente como interlocutor y mediador ante los conflictos sociales. De esta forma, podemos ver que el Estado chileno actual es profundamente diferente al existente en la Rusia de 1917, en la España de 1936 o en la Cuba de 1959, siendo una estructura sólida, legítima, madura -en el sentido de tener claridad de su rol en la sociedad como un elemento subsidiario de la economía privada y defensor del marco legal creado en la Constitución de 1980, y por sobre todo, cumpliéndolo a cabalidad- y con una serie de recursos legales y estructuras administrativas encargadas de monitorear y responder a posibles conflictos sociales, desarrollando políticas asistencialistas en ámbitos tan distintos como la vivienda o el fomento del “emprendimiento” de pequeños o micro empresarios. Además, a pesar del desarrollo durante la última década de numerosas movilizaciones populares en distintos ámbitos, la lógica detrás de estas continúa viendo al Estado como una instancia a la que se apela por una solución al problema, un mediador en los conflictos entre el capital y el trabajo. Este elemento difiere en los ejemplos mencionados anteriormente, en los que el Estado por lo general se encontraba profundamente desacreditado, no cumplía un rol mediador ni contaba con las herramientas para enfrentar posibles conflictos sociales y su estructura por lo general era débil y tambaleante.

Es que si bien actualmente hay un descrédito de los partidos políticos y el rol mediador del Estado ha sido cuestionado, siendo la baja votación en la elección municipal una muestra patente de ello, esta crisis no se ha transformado en una crisis del Estado ni del orden capitalista. Ante esto creemos que la gente no vota no porque no crea en el Estado -al que continúa apelando por la solución a sus problemas- sino porque no lo ve útil o no le cree a los “políticos” -así en abstracto. Esta crisis es, creemos, una crisis que apunta al neoliberalismo pero que se expresa más en términos de representatividad política antes que como una crisis de hegemonía (en términos gramscianos). Es deber de la izquierda transformar ese descontento en conciencia y proyectarlo en participación política.

Además, para entrar en la discusión hay que considerar también que, por un lado, el neoliberalismo sigue rigiendo -a pesar de un cuestionamiento más o menos generalizado -como marco económico, político, social y cultural, a través de una serie de mecanismos que continúan asegurando la preeminencia de los intereses de los sectores privilegiados por sobre los de las clases populares. La educación y su sentido profundamente mercantil, el marco legal que asegura condiciones extremadamente beneficiosas para la explotación laboral, los medios de comunicación de masas y el indiscutible monopolio que mantiene la burguesía en ese plano, así como los enclaves autoritarios que blindan actualmente a la Constitución del 80, entre otros, buscan asegurar la reproducción del modelo más allá de las críticas que se manifiestan en esta coyuntura. Una muestra de lo mencionado es que el objetivo de la gran mayoría de las personas, en toda la escala social, continúa siendo la del “ascenso social” individual-familiar, sin un tipo de conciencia de clase con sustento clasista, es decir, que permita la constitución de un proyecto de liberación social. Por el contrario, está basado en un abandono de cualquier símbolo de identidad “obrera” en el sentido clásico. Chile, en definitiva, es una muestra de una especie de culto a la promesa idílica de la pequeña burguesía, a la PYME, al consumo, a la ficción del “emprendimiento” y al concepto ambiguo de clase media, entre otros.

En otras palabras, en nuestro país no estamos viviendo aún un momento en el cual la lucha de clases haya llevado a una diferenciación de clases bien definidas, polarizadas y en pugna. A pesar de que una gran mayoría de la población es calificable objetivamente como clase trabajadora, e incluso como pobre, enormes contingentes no se consideran a sí mismos como tales. Nuevamente aflora la potencia de la ideología burguesa, al sentirse muchos como parte de una informe clase media, y “tener” conciencia de clase en esa línea, actuando social y políticamente como tales. De esta manera, se comprueba la justeza de la afirmación de Carlos Marx cuando dice:

"Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que expresión ideal de las relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase, la clase dominante, son también las que conf­ieren el papel dominante a sus ideas". Marx y Engels, “La ideología alemana”.

La actual hegemonía neoliberal -con algunas fisuras generadas por las movilizaciones sociales desarrolladas en el presente ciclo de luchas abierto el 2006 con los subcontratistas y secundarios- ha logrado por el momento salvar sus dificultades. El alto precio del cobre y las utilidades que este ítem le ha otorgado al Estado le permitió desplegar una serie de programas asistencialistas a partir de diferentes subsidios, con el objetivo de responder a las necesidades más urgentes de los sectores movilizados. La profundización de las críticas y demandas de las protestas estudiantiles desde el 2011 así como la actual baja en el precio del metal rojo abrió la puerta para poner en tensión esta salida, aunque el movimiento social no ha sido capaz de continuar avanzando en esa senda. Por ende, si bien hemos planteado críticas parciales hacia el modelo y su sustento ideológico y material, hace falta un ataque más completo hacia él con tal de derrotarlo, lo que incluye necesariamente ir más allá de sus aspectos económicos.

De hecho, incluso procesos que llevan años de desarrollo como el venezolano, aún se ven enfrentados a este problema. El cambio cultural aparejado a las transformaciones económicas que buscamos realizar para construir el socialismo necesariamente se enfrenta a dificultades tremendas, tal como lo comentamos recién. Sin embargo, algunas reflexiones realizadas al calor de esas experiencias son importantes para poder ir aclarando nuestras propias posiciones y respuestas a nuestros contextos, asumiendo también las limitaciones que tenemos que ser capaces de superar. Roland Denis, revolucionario venezolano y ex ministro del gobierno de Hugo Chávez explicaba de esta manera estos obstáculos:

"Liberarse ahora, es decir, producir esa segunda rebelión antiburocrática, antijerárquica, igualitaria, autogobernante y autogestionaria, no va a ser fácil. Evidentemente no va a ser fácil por la propia composición orgánica de lo que es nuestra sociedad, es decir, una sociedad clientelar que necesita permanentemente del Estado, una población poco ligada a sistemas de producción eficiente, a un capital productivo importante (incluso en una sociedad capitalista productiva), una sociedad más bien de consumo, una sociedad de rebusque, una sociedad que no se pregunta a sí misma cómo producir nada, sino simplemente cómo se busca el dinero para consumir lo que se quiere consumir. Entonces, culturalmente, en ese sentido hay una brecha que tenemos que atravesar, pero en todo caso ahí está la historia: la distancia entre lo que son las determinaciones estructurales (culturales, etc.) de una sociedad y lo que son esos eventos mágicos que reinterpretan y hacen saltar la historia hacia otros niveles.” Roland Denis, “En Venezuela necesitamos una segunda rebelión antiburocrática e igualitaria”, octubre 2009.

Además, profundiza más adelante respecto a las particularidades del caso de Venezuela durante el proceso bolivariano, poniendo énfasis tanto en las condiciones concretas del país y lo inédito de muchas de las cosas que se han logrado, así como en la necesidad de analizar esa experiencia con cuidado, comprendiendo las diferencias entre lo que es el Estado y su rol en las transformaciones y las organizaciones locales y sus capacidades de autoorganizarse de forma autónoma.

En el caso particular de Venezuela se han dado cosas increíbles en ese sentido, que una sociedad tan descuartizada como la nuestra, tan empobrecida desde todo punto de vista, no sólo material, haya llegado hasta donde ha llegado parece inexplicable. Porque, ¿desde dónde se hace, cuál es el sujeto o la base material cultural que te garantiza eso? Bueno, sucedió porque sucedió y ahí estamos. Yo sigo apostando a esa magia de la historia que nos va a permitir en este momento sacarnos esta costra que ahora todo lo invade quitándole el oxígeno a lo que son los propósitos de liberación. (...). El proceso de cooptación jamás ha sido un proceso total, esto es, uno no se convierte nunca en un sujeto absolutamente pasivo que simplemente recibe órdenes de un mando superior. Siempre quedan resquicios dentro de esa realidad desde los cuales se puede ir desarrollando una experiencia de autonomía, de autogestión, de autogobierno. Ese es el caso de muchos consejos comunales y, en general, de muchísimas expresiones de lo que es el movimiento." Íbid.

Por otro lado, no se puede ignorar que Chile cuenta con una institucionalidad modificada profundamente por la última dictadura cívico-militar, la cual le imprimió un carácter cerrado expresado concretamente en una serie de enclaves autoritarios presentes en la Constitución, y en el acentuado bipartidismo -a partir de las limitaciones impuestas por el sistema binominal- que aseguran que sean solamente las fuerzas políticas del bloque en el poder -Alianza por Chile y la Concertación- las que se alternen en el manejo de la maquinaria del Estado. Este carácter cerrado de la institucionalidad es el que ha frustrado los intentos (aún humildes, por cierto) de ciertos partidos de izquierda de irrumpir en el armado estatal para modificar ciertas condiciones socio-económicas, pero también dan cuenta de la debilidad política de la izquierda en el país, de su sectarismo y de la falta de un arraigo real entre las capas populares. En el fondo, esta situación es la mezcla de los enclaves autoritarios existentes en esta democracia pactada y la fuerza aún relativa del movimiento popular en proceso de reconstrucción.

Al mismo tiempo, debemos entender que el “espíritu de la transición” caló hondo en importantes segmentos de los sectores populares y medios del país, sobre todo los que estuvieron movilizados en los ochenta y que luego fueron la base política de la Concertación de Partidos por la Democracia. Los sectores sociales que aceptaron la negociación con la derecha y los militares, y la construcción pactada de una “democracia en la medida de lo posible” no fueron minoritarios como algunos al parecer se imaginan, sino que fueron la mayoría; la posición de intransigencia democrática de izquierda, como la sustentada por el PC a través de la Política de Rebelión Popular de Masas (PRPM), por el MIR y en general por el Movimiento Democrático Popular (MDP), fue la que terminó siendo marginal. Así, ésta es la cultura política predominante a nivel social y político, y, por lo tanto, es la que sienta las coordenadas en las que aún se limita lo político-institucional para la gran mayoría de la población. En otras palabras, el “sentido común” en la política continúa definido por los límites generados por el pacto social, aunque con fisuras debido a los recientes embates de las franjas movilizadas del pueblo. La forma en la que abordemos la temática deberá también tener en cuenta estas dimensiones.

Las tareas del momento: acumular políticamente más allá de lo reivindicativo



Como decíamos, la acumulación política desarrollada por las franjas más radicalizadas de nuestro pueblo al calor de las movilizaciones que ha protagonizado estos últimos años, se ha orientado hacia una crítica al neoliberalismo, una deslegitimación del duopolio político Concertación-Alianza y de la institucionalidad heredada de la dictadura en general. Si bien esta acumulación ha significado también la asociación de movimientos con características más o menos diversas (de acuerdo a su carácter de clase, grado de organicidad, etc.) en torno a una batería de reivindicaciones de carácter más político y nacional (re-estatización de los recursos naturales, educación gratuita y de calidad, cambio del sistema de AFP, etc.), hay que tener en cuenta tres elementos: a) Que estas reivindicaciones son abrazadas por el pueblo en grados muy diferentes tanto si comparamos los diferentes sectores (estudiantil, sindical, etc.) entre sí como si examinamos cada uno en su composición interna; b) Que, por esto mismo, tampoco existe una estrategia ni en cada sector en particular ni en el movimiento de los diferentes sectores oprimidos en general que sugiera, delinee o establezca la manera de alcanzar ciertos objetivo, y cuando se ha intentado generar una agenda común a mediano plazo al interior de una movilización que permita orientar o proyectar una lucha en un período de tiempo concreto, como sucedió en el movimiento estudiantil el 2011, la izquierda se ha opuesto de forma terminante; y c) Que, por los dos puntos anteriores, esta expresión de desarrollo político de nuestro pueblo en general y de la clase trabajadora en particular es aún incipiente y responde, por lo general, a sus capas más “izquierdizadas”; en otras palabras, estamos siendo testigos de los primeros desarrollos políticos, los cuales aún no están cristalizados en un movimiento con la unidad y la estrategia necesaria para avanzar.

Es en la búsqueda de caminos que permitan seguir avanzando y proyectar los logros de estos primeros momentos, que tenemos que abordar la necesidad de construir una herramienta que acompañe este desarrollo político y lo oriente, a la vez que permita construir unidad y dar claridad sobre cómo vencer. Esta herramienta es expresión política de los malestares y la consciencia de nuestro pueblo y nuestra clase, es la forma en la que vamos generando un proyecto político capaz de dar una disputa con el bloque dominante en pos de avanzar las posiciones que tenemos adelante. A eso nos referimos con abordar el tema político, algo a lo que desgraciadamente el anarquismo ha rehuido en Chile el último tiempo, entrampándose en lo meramente reivindicativo sin poder unirlo de manera satisfactoria con la lucha política[1]. Nos referimos con esto a la necesidad de profundizar el proceso de construcción del partido político de los libertarios como un espacio que proyecte lo acumulado en estos 14 años de construcción, en un salto cualitativo en la profundidad del programa que proponemos al mundo popular. Respecto de la naturaleza de éste, señalamos junto a Resistencia Libertaria que

el PL [Partido Libertario] por lo tanto, tiene una ideología y una concepción política revolucionarias para transformar las condiciones en que se hallan inmersos los trabajadores; cuando éstos las adquieran obtendrán un acopio para sí que se expresará en conciencia y organización”; Resistencia Libertaria, “Partido Libertario”, 1977; en revista Comunismo Libertario n° 2, 2012.

Es decir, que el sentido del partido es influir a las masas para que desarrollen sus niveles de organización y lucha, y la justeza de su programa y sus políticas estará determinado sólo en la medida en la que logre desarrollar dichos niveles en las masas.

En esta línea, es importante comprender que las posibilidades de desarrollo del proyecto comunista libertario descansan y se deben hacer cargo de dos desafíos inmediatos: por un lado, el desarrollo de una herramienta política que tenga la capacidad de transformarse en una herramienta certera de acumulación política -tanto a nivel cuantitativo, como cualitativo- para nuestra clase. En segundo lugar, debe ser capaz de articular, a partir de esta herramienta, las nociones básicas que sirvan para comenzar a delinear una alternativa política, esto es, que pueda construir un programa que contenga objetivos que apunten a superar lo local-sectorial (junta de vecinos, sindicato) para centrarse en cómo disputar el poder. En otras palabras, no basta con participar y orientar las luchas reivindicativas, es indispensable hacernos cargo de la existencia del Estado, su institucionalidad, su marco legal, y el rol que cumple, sentando un camino que nos permita combatirlo en el actual período.

En este sentido es indispensable hacerse cargo de un elemento importante para enfrentar este problema: si bien en las movilizaciones de estos años una franja del pueblo trabajador ha ocupado un lugar central y determinante, también han participado de manera activa sectores que corresponden a los dueños del pequeño comercio y a sectores que hoy día se entienden al interior de las “capas medias”. Esta realidad es más clara en las movilizaciones estudiantiles y en las protestas generadas en algunas regiones, en donde las mesas negociadoras con el Estado estuvieron marcadas por un carácter policlasista que en el fondo lo que deja claro es lo incipiente del rearme del movimiento popular, y lo débil que aún son las organizaciones de masas. Pero esto no significa que la presencia de estos sectores -en desventaja ante los intereses del capital transnacional o monopólico, y golpeado rudamente por las crisis económicas- deba ser rechazada, al contrario. Es indispensable ser capaces de alinear a estos sectores detrás de un programa de cambio radical, socialista y libertario, único que puede dar respuesta última a los problemas y conflictos que enfrentan, de manera tal que el movimiento popular sea capaz de dar cobijo a esas capas medias radicalizadas y de acumular la fuerza suficiente que permita cambiar la correlación de fuerzas actual, en pos de generar un nuevo escenario en la lucha de clases. Un rechazo, o una incapacidad de incluirlos y ubicarlos en posiciones junto a la clase trabajadora, solamente servirá para engrosar las filas de la burguesía o del reformismo[2]. Indicador, no de coyuntura pre-revolucionaria, por supuesto, sino de que aumentan las contradicciones de clase que fuerzan a las capas medias a tomar partido por sus reivindicaciones inmediatas, pero sin ningún tipo de proyecto político propio; y de la incapacidad orgánica de la clase obrera de ponerse a la cabeza de los procesos de lucha, aún de sus mismas reivindicaciones en un momento que si bien está caracterizado por una crisis de representatividad de los partidos del bloque en el poder y fuertes movilizaciones, puede tener una salida “por abajo” -de acuerdo a las luchas populares- o “por arriba” con un reacomodo las fuerzas políticas que terminen blindando el modelo. Situación que es extrapolable a una gran parte del movimiento estudiantil que aún no supera su fase tradeunionista.

Para la izquierda marxista, esta definición ya está tomada hace mucho tiempo y, aunque los ejemplos de esto son tomados de circunstancias históricas diferentes, el fondo del tema continúa siendo el mismo: la capacidad de los trabajadores de situar tras de sí a las “capas medias” y a las franjas no burguesas, que en momentos de crisis económica tienden a desesperarse debido a la posibilidad cierta de perder sus limitados privilegios.

De esta forma, para Georgi Dimitrov, quien fuera secretario general de la Internacional Comunista entre 1934 y 1943, el impedir el triunfo del fascismo en Europa durante la década de los 30 dependía entre otras cosas,

De la política justa de la clase obrera respecto al campesinado y a las masas pequeño-burguesas de la ciudad. Hay que tomar a estas masas tal como son y no como nosotros quisiéramos que fuesen. Sólo en el transcurso de la lucha superarán sus dudas y vacilaciones, solamente si sabemos tratar con paciencia sus inevitables vacilaciones y si el proletariado las ayuda políticamente se elevarán a un grado superior de conciencia y de actividad revolucionaria”. Georgi Dimitrov, “La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional Comunista”, en el Informe al VII congreso de la Internacional, 2 de agosto de 1935.

Si bien esta afirmación buscaba justificar en ese momento un giro en la política del Estado soviético y de los partidos comunistas, desde el sectarismo de la consigna de “clase contra clase” al frentepopulismo, el trasfondo nos parece correcto para tenerla en cuenta a la hora de pensar una táctica para el período desde el comunismo libertario en Chile. En este mismo sentido se pronuncia Mao Tse-Tung en sus reflexiones sobre la guerra en contra de Japón por la misma época. Para él, era indispensable forjar la unidad del pueblo chino entorno a la lucha en contra de la invasión japonesa -lucha necesariamente unida al avance hacia el socialismo- y así lo consigna en sus obras.

Son necesarias tres condiciones [para lograr el triunfo sobre el imperialismo japonés]: en primer lugar la creación de un frente unido anti-japonés en China; en segundo lugar, la creación de un frente unido internacional anti-japonés; en tercer lugar, la elevación del movimiento revolucionario del pueblo japonés y de los pueblos de las colonias japonesas. Para el pueblo chino la principal de estas condiciones es la gran unión del pueblo chino. (...) Por ello el quid de la cuestión es la cohesión de todo el pueblo chino y la creación del frente antijaponés en el que se agrupe todo el país. Esto lo hemos propuesto hace ya tiempo”. Mao Tsé-Tung, “Sobre la guerra prolongada”, ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1963.

Más allá de las diferentes épocas en las que estas afirmaciones fueron levantadas y de las distintas fuentes ideológicas de las que provienen, el tema principal detrás de ellas sigue siendo el mismo: la necesidad de poder reunir detrás de un programa revolucionario, socialista, y en nuestro caso, orientado desde las coordenadas del comunismo libertario, a la mayor cantidad de sectores sociales a partir, claro está, de las posiciones políticas de la clase trabajadora. Se trata, en el fondo, de enfrentar el desafío de asumir la necesidad de orientar a las masas populares -con distintas realidades materiales y visiones subjetivas de las mismas- hacia un proyecto de liberación a partir de condiciones contextuales complejas y difíciles logrando una correlación de fuerzas favorable a las transformaciones que proponemos.

En este sentido, y en función de la contradicción que vislumbramos entre los intereses de la burguesía chilena -subordinada a los intereses del capital transnacional e imperialista- y la soberanía popular -o sea, la capacidad de la clase trabajadora de ser dueño de su vida, en otras palabras, de tener el poder político y económico-, es indispensable orientar a las capas medias en torno a los intereses populares. Esto, entendiendo que en el actual escenario de la lucha de clases en el país ya caracterizada más arriba, es necesario incorporar a las capas medias -tensionadas por la crisis del modelo- hacia la trinchera popular, evitando así que amplias franjas de la población se cuadren en la defensa del capitalismo y logrando enfrentar conflictos en los que esta contradicción es particularmente evidente como en el tema alimentario, en los recursos naturales y la matriz energética, que han estado en el centro de algunas poderosas movilizaciones locales y en donde las capas medias han sido un elemento importante de las fuerzas sociales movilizadas.

Guardando las proporciones, el amplio respaldo de las capas medias precarizadas por la crisis de los años 30 en Europa proporcionó un apoyo de masas determinante a las organizaciones fascistas en Alemania e Italia. Todo esto en momentos en los que la política sectaria de “clase contra clase” de la III Internacional impidió a los partidos populares tener una apuesta política que permitiera una política de alianzas flexible y capaz de responder a los desafíos del momento.

Por otra parte, sabemos que los libertarios diferenciamos claramente entre un gobierno dictatorial y una república democrática, así como somos capaces de ver las diferencias entre un gobierno derechista y otro del centro político. En este sentido, podemos entender que hay momentos en que debemos tener una amplitud táctica que nos dé espacio para poder acumular políticamente al tiempo que marcamos nuestro camino propio. Un ejemplo de esta amplitud es la posición que tuvo un sector de la CNT frente a la proclamación de la República española el 14 de abril de 1931:

Ha sido proclamada la República en España. El Borbón ha tenido que dejar el poder. Los ayuntamientos, las diputaciones, las oficinas de Correos y Telégrafos están en manos del pueblo. Para afirmar estos hechos hemos de manifestarnos en las calles. No somos entusiastas de una República burguesa, pero no consentiremos una nueva dictadura. El pueblo debe estar dispuesto a hacer frente a una posible reacción de las fuerzas armadas. Si la República quiere, realmente, consolidarse, tendrá que tener en cuenta la organización de los trabajadores. Si no lo hace, perecerá. Como primera condición exigimos la libertad inmediata de todos los presos. Después de esto, lo más importante de todo, pondremos otras condiciones. La Confederación Regional de Trabajadores de Cataluña declara la huelga general y se atendrá, en sus actos, a la marcha de los acontecimientos. Por la libertad de los presos. Por la Revolución. ¡Viva la Confederación Nacional del Trabajo!
Ángel Ma. de Lera, “Ángel Pestaña, retrato de un anarquista”, argos vergara, Barcelona, 1978, p. 264.

Así, se esbozó una respuesta política libertaria, que no se inclinaba por el maximalismo, sino que por una adaptación a las nuevas condiciones materiales aprovechando las nuevas oportunidades políticas que se abrían con la segunda república. Esta apuesta se repetiría en 1936, cuando la CNT no realizó una campaña impulsando la abstención como en otras oportunidades como un gesto al Frente Popular español -en el que participaba el Partido Sindicalista impulsado por el antiguo dirigente de la CNT Ángel Pestaña, quien incluso fue elegido diputado por el pacto-, en la esperanza que significara un cambio en la situación de los miles de presos políticos que la organización tenía desde la represión a la revolución de Asturias en 1933. El cenetista Miguel Abós afirmó en ese momento que

caer en la torpeza de hacer campaña abstencionista equivale a fomentar un triunfo de las derechas. Y todos sabemos por amarga experiencia en dos años de persecución lo que las derechas quieren hacer. Si el triunfo de las derechas se diera, yo os aseguro que aquella feroz represión a que sometieron a Asturias se extendería a toda España”. Citado en “Vísperas de la revolución. El congreso de la CNT (1936)”, de Juan Pablo Calero.

Incluso, de manera posterior al triunfo electoral y a pesar de la polémica que pareciera haber ocurrido al interior de los sindicatos de la organización anarquista, la reconocida figura de Buenaventura Durruti habría reconocido que los militantes ácratas estuvieron prestos a defender los resultados ante la posibilidad de un desconocimiento de los mismos por parte de algunos funcionarios.

la CNT, los anarquistas, reciente el triunfo electoral, estábamos en la calle -los hombres de la Esquerra lo saben- para impedir que los funcionarios que no quisieron aceptar el resultado de la voluntad popular se sublevaran”. Buenaventura Durruti en el periódico “Solidaridad Obrera” de Barcelona el 6 de marzo de 1936, citado en “Vísperas de la revolución. El congreso de la CNT (1936)”, de Juan Pablo Calero.

Podemos hacer un paralelo general con la situación actual del país, guardando nuevamente las proporciones entre cada escenario, pero que nos tiene que llevar a pensar en el aprovechamiento que podemos realizar de la relativa ampliación que existirá en el futuro gobierno concertacionista en el país. Gobierno que, a diferencia del lapso derechista que termina, nos puede permitir aprovechar de una manera antes impensada los espacios y luchas democráticos, no tanto por lo que ese gobierno haga, sino que por las condiciones en las que asumirá y se desarrollará. No olvidemos que este gobierno estará, sí o sí, mediado por el protagonismo de las movilizaciones sociales, y que buscará reposicionarse frente a ellas, pudiendo abrir un flanco que podremos utilizar para obligarlos a ir más allá de lo que quieren, sobre todo ahora que el Partido Comunista se encuentra participando al interior del pacto y viendo la posibilidad cierta de ser parte del nuevo gobierno. Por otra parte, es importante considerar que, de no posicionarnos correctamente aprovechando los bríos reformistas[3] del nuevo gobierno para impulsar las demandas populares a través de la Acción Directa de Masas, el nuevo escenario puede ser perfectamente orientado por el reformismo y el proyecto burgués. Hay que recordar que estos sectores continúan siendo dinámicos, y que buscarán acumular en la campaña y en el gobierno las reformas que implementarán, en un esfuerzo por revalidarse como una fuerza progresista. Para reforzar gráficamente lo que estamos diciendo, una cita de la carta del MIR al PRT argentino en julio de 1974. En ella justamente hace relación a la necesidad que tienen los revolucionarios de aprovechar las posibilidades que los diferentes gobiernos, y el contexto que los condiciona, nos brindan, posibilidades que no debemos abandonar, sino que utilizar para ampliar nuestro marco de trabajo hacia sectores de las masas en las que no tenemos una llegada actualmente. Este elemento, el del distinto carácter de un gobierno u otro no sería algo a menospreciar, por el contrario, es un elemento importantísimo sobre el cual pensar el trabajo político y de masas.

A nuestro parecer, apreciamos tres cuestiones que nos parecen importantes: una crisis económica que agudiza los problemas en la Argentina y que no tiene perspectivas de solución en el marco actual; una importante ampliación de las libertades democráticas que sumada a la relativa impotencia del aparato de Estado ofrece enormes perspectivas del trabajo legal y entre las masas a los revolucionarios...” Miguel Enríquez, 27 de Julio de 1974, fragmentos, Santiago, 27 de Julio de 1974. Transcrito de Informe Interno. MIR, Zona Europa, Nr. 6, Junio 1975, 7 páginas mimeografiadas

Para cerrar este apartado, creemos que resulta útil tener presente un criterio que muchas veces los libertarios pasamos por alto, aferrándonos de forma indebida a criterios ideológicos antes que políticos -incluso ignorando nuestras posiciones y definiciones concretas para el período-, quizás porque esos criterios ideológicos resultan más cómodos para presentar. Son finalmente un terreno conocido. Este criterio que mencionamos es la necesidad de contrastar nuestras posiciones con sus resultados y su aplicación práctica, de manera tal que sirva como orientación para la afirmación o revisión de una política o postura definida con anterioridad. Un ejercicio que no sólo los libertarios, sino que la izquierda chilena en general pareciera haber abandonado, pero que un compañero de Argentina, militante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), dejaba patente hace algunos años de esta forma:

Los marxistas son particularmente conscientes de ello y hacen de la práctica un criterio de verdad. Es decir, la justeza de una posición política se admite solamente cuando se prueba correcta en carácter de práctica social, y tratándose de una política que dice responder a los intereses de la clase trabajadora, por la medida en que esa clase la hace suya y la lleva adelante. (...) El buen o mal uso que se haga de las conclusiones obtenidas por el mar­xismo en su análisis de la sociedad y en la construcción práctica de otras nue­vas, se sentirá en todo su peso, cuando se trate de formular políticas concre­tas. Y aquí se pueden tomar dos caminos: uno que conduzca a la formulación de políticas con base en la realidad nacional, que traten de adecuarse a ella lo más posible, que sean pasibles de ser puestas en práctica para verificar si son correctas o no; y otro camino que lleve a la producción de una política de fra­ses absolutamente coherentes con el esquema teórico marxista universal, pe­ro que no tiene nada que ver con la realidad nacional, porque voluntariamen­te ha decidido no tenerla en cuenta.” Carlos Olmedo, “Una respuesta al documento del ERP”, publicado en “Cristianismo y Revolución”, n° 28, abril de 1971.

De esta forma, es posible instalar la revisión de nuestras políticas, tácticas y estrategias, a partir de la práctica cotidiana. Algo sano y necesario cuando lo que intentamos es transformar la realidad, y abandonar las seguridades de la mera discusión teórica o filosófica.

La democracia de masas



El proyecto comunista libertario debe ser capaz de proyectar una propuesta de socialismo que supere los límites del fallido “socialismo real” desarrollado al alero del Partido Comunista de la Unión Soviética, aunque recogiendo la rica experiencia -tanto positiva como negativa- de más de 70 años de construcción política e incorporando también las múltiples lecciones que entrega el desarrollo del movimiento popular en nuestra América Latina. Además, es necesario que este planteamiento político se levante a partir de una continua experiencia práctica, apostando a disputarle al Estado todo el poder posible a medida que las organizaciones populares se fortalezcan; la transformación económica no puede realizarse sin cambiar de forma radical el cómo se toman las decisiones, y para esto las masas deben educarse políticamente, tanto con la teoría como con la práctica.

En este sentido, es fundamental situar su apuesta de poder en base a tres pilares centrales: el protagonismo de las masas populares organizadas en la elaboración política, la independencia de clase de las organizaciones de masas y, por sobre todo, la profundización de la democracia socialista como pilar del socialismo libertario. Esto entendiendo las características del período que ya se han expuesto en diversas publicaciones oficiales de la Organización Comunista Libertaria de Chile: lenta reconstrucción del movimiento popular luego de las derrotas históricas de 1973 y 1988, además de una izquierda disgregada, con débil inserción social y plagada de sectarismo e inmadurez[4]. Estas características necesariamente configuran el escenario a partir del cual debemos levantar nuestras propuestas y posiciones políticas, que necesariamente deben estar marcadas por la audacia que históricamente caracteriza al comunismo libertario.

Es por esto que creemos firmemente que para darle sustento a este proceso es importante recuperar el concepto de democracia, quebrando el sentido común burgués que se le da y dotándolo de un potencial creador dentro de la construcción socialista. Al final, se trata de innovar a partir de uno de los elementos originalmente centrales en la construcción política de la izquierda y del movimiento popular, pero que poco a poco fue quedando de lado en sus reflexiones y en su construcción estratégica. Como decíamos antes, para que el proyecto comunista libertario pueda aportar al fortalecimiento del movimiento popular, no se puede limitar ni a lo ideológico -en donde tiende a ser fuerte en la crítica teórica al Estado- ni a lo reivindicativo -actualmente su fuerte a nivel nacional, con experiencia y logros incuestionables en estos últimos años. Es necesario que se haga cargo de lo político, sin limitarse en discusiones en torno a “las vías” -por ejemplo, al enfocar temáticas como lo electoral desde un punto de vista netamente ideológico y teórico -que tienden a ser las más cómodas y seguras, sino que “metiendo los pies en el barro” de la realidad y buscando las formas de prefigurar el modelo de socialismo que queremos construir a través de nuestra práctica política y en nuestra lucha por la construcción del poder popular.

A través de este ejercicio creemos que es posible aterrizar la aplicación de la construcción del Poder Popular al período actual, de manera tal que cobre sentido no sólo para la militancia política, sino que por sobre todo para las franjas populares que se han ido incorporando a la lucha durante los últimos años. Este Poder Popular es inseparable del desarrollo de la democracia de masas que recuperamos de la práctica revolucionaria de nuestra clase, y es la base material para el desarrollo de la apuesta comunista libertaria. Además, es importante recalcar que entendemos esta construcción de Poder Popular como un proceso con altos y bajos, avances y retrocesos, un proceso paulatino de construcción de organización y acumulación de fuerza y experiencias que nos permitirá ir delineando nuestro proyecto socialista y libertario fuera de ilusiones inmediatistas o maximalistas. Convergemos aquí con algunas reflexiones realizadas por Bakunin:

...Bakunin es claro al plantear que “[La abolición del Estado] no podría alcanzarse de golpe, pues en la historia, al igual que en la naturaleza física, nada se hace de golpe. Hasta las más súbitas revoluciones, las más inesperadas y radicales, siempre han sido preparadas por un largo trabajo de descomposición y de nueva formación. Trabajo subterráneo o visible, pero nunca interrumpido y siempre creciente. Por lo tanto, tampoco para la internacional se trata de destruir de un día para otro todos los Estados. Emprender esto, o tan sólo soñar con él, sería una locura”.” De Bakunin, “La libertad”, pág. 168, citado en VV.AA., “Comunismo Libertario N°2, p. 18, Gabriel Rivas, El anarquismo y el problema del poder.

Es necesario entonces, superar el error cometido por la izquierda chilena en los debates sostenidos entre sus partidos durante los años 60, en los que exacerbó las diferencias en base a una discusión sobre las “vías”, pero no debatió sobre el modelo socialista que se pretendía construir a partir de las condiciones del momento. Tomás Moulian da cuenta de esto cuando afirma en su artículo “La vía chilena al socialismo: Itinerario de la crisis de los discursos estratégicos de la Unidad Popular”:

La ubicación del Partido Socialista en un leninismo de izquierda provoca un efecto ya señalado, pero sobre el cual es importante insistir. Ese efecto es la desviación de la crítica. Ella se concentra en el problema de la violencia revolucionaria y debilita la puesta en cuestión de las características de la construcción socialista. Ése había sido el valor de la adhesión de los socialistas a la autogestión yugoslava, que representaba la búsqueda de un socialismo participativo. Por desgracia la discusión esencial se perdió, arrastrada por el efecto envolvente que produce la polémica sobre la violencia revolucionaria. Se dejó de lado el tema central. Este no era la búsqueda de la vía sino la decisión por el tipo de sociedad socialista que se quería proponer y por la que se estaba dispuesto a luchar”. En el libro “Cuando hicimos historia. La experiencia de la Unidad Popular”, editado por LOM.

Creemos que se hace indispensable situar ciertos debates tácticos -ayer el de las vías, hoy el electoral- dentro de un contexto concreto, de una esfera política, de manera tal que nos permita orientar el debate hacia los elementos que resultan centrales y que nos permitan oxigenarlos con esa audacia que ya mencionábamos más arriba.

Esto porque es conocido que una buena parte de la izquierda del siglo XX fue incapaz de innovar en torno a los desarrollos políticos que debía tener el socialismo y la construcción del comunismo, así como la relación entre la izquierda socialista y otros sectores progresistas durante los períodos de transición o pre-revolucionarios. Justamente en Chile, por el carácter cerrado de su institucionalidad que mencionamos anteriormente, tenemos la posibilidad de generar un punto de quiebre entre la concepción democrático burguesa, que es en el fondo anti-democrática, y la construcción de la democracia de masas, basada esencialmente en la superación de la contradicción existente entre lo político y lo social.

Esta contradicción la identificamos como la separación entre ambas esferas, disociando virtualmente las condiciones económicas actuales y su expresión política en el Estado, como si ambas no estuvieran interrelacionadas de manera clara y dependieran una de la otra. Gabriel Rivas lo expresa de manera clara cuando afirma que:

...P. Ansard, hace una sintética analogía, cuando dice que “lo político [entendido como poder político] es, con respecto a la vida social, lo que el capital con respecto al trabajo: una alienación de la fuerza colectiva”. En otras palabras el Estado no puede ser entendido sino como otro aspecto del mismo proceso alienante de la fuerza humana creadora, propia de todo grupo humano que, en tanto que humano, es creador de su propio espacio histórico. El capital y el Estado son momentos aparentemente separados de un único momento. Aún así, contra todo análisis simplista que suele ver a todos los gatos pardos, el capital tanto como el Estado, son formas complementarias pero no reductibles una a la otra, y que hoy constituyen la realidad del capitalismo reinante.” VV.AA., “Comunismo Libertario N°2, p. 18, Gabriel Rivas, El anarquismo y el problema del poder.

De esta manera, para nosotros es imposible plantear una respuesta política desde el comunismo libertario que no asuma esta interrelación como un elemento central, y que deba ser asumida de manera tal que el enfrentar la lucha económica -tanto desde un plano reivindicativo como en uno político- implique necesariamente llevar hasta el límite en este período la capacidad democrática del modelo, develando las restricciones que la democracia formal neoliberal actual presenta para la participación popular en la toma de decisiones. En ese sentido, es importante hacer algo de historia para poder marcar bien a lo que estamos apuntando en este momento.

En Chile, luego de la derrota de la Unidad Popular, una buena parte de la intelectualidad de la izquierda se “renovó” abandonando los objetivos socialistas y adoptando a la democracia burguesa como el punto máximo del desarrollo democrático posible. Por nuestra parte, creemos que la democracia puede ir mucho más allá de los límites del sistema democrático burgués y que se puede delinear su futuro a través de las luchas de hoy, es decir, a través de las contradicciones del sistema y la lucha y creación popular. De esta manera, reconsiderar la democracia para los comunistas libertarios no es girar a la derecha, como lo fue para los socialistas, MAPUs o PPDs, sino que es considerar la construcción política del socialismo a través del empoderamiento político de las masas en el Chile de hoy, es decir, el Chile de la democracia limitada y protegida, del sistema binominal, de la actual ley de municipalidades, de nuestro código laboral.

Al entender la democracia de masas como un empoderamiento de la sociedad frente al Estado, es posible ver de qué manera ella es incompatible con la democracia burguesa, el capitalismo y sus herramientas de control y opresión. La democracia de masas no es solamente política, sino que por una cuestión de definición, es inseparable de la democracia en la producción y distribución, es decir, en la economía. Esto, pues la revolución que postulamos “...se trata de desmantelar el aparato estatal, pero en un sentido mucho más radical, transformando el principio organizativo de la nueva sociedad emergente.”[5] Y este es justamente el valor constructivo que le vemos a la discusión en torno a la democracia de masas, el cómo vamos desarmando no sólo el aparataje del Estado, sino sus fundamentos.

Nuevamente la experiencia del movimiento popular chileno y latinoamericano viene a enriquecer nuestra propia discusión en torno a este tema. Para nosotros, que entendemos que la contradicción entre el capital y el trabajo está unida íntimamente a la naturaleza del Estado y el poder; o en otras palabras, que enfrentar el problema del Estado es inseparable a enfrentar la contradicción entre el capital y el trabajo, y que cualquier proceso de construcción revolucionario necesariamente debe ir prefigurándose en la actualidad, cobra un nuevo sentido el explorar experiencias como la ocupación de fábricas en Argentina y Brasil, o la proliferación de organizaciones de base durante la Unidad Popular. No como modelos o alternativas -ni las ocupaciones de fábricas ni los comandos comunales son suficientes- sino como experiencias prefigurativas de la participación popular que entendemos es consustancial al comunismo que buscamos generar.

En este sentido, otra vez Moulian nos permite visualizar la idea que queremos presentar en relación a estas experiencias históricas de los trabajadores de Chile. En sus palabras:

Los estrategas del “polo revolucionario” captaron la importancia de la democracia en la empresa. Aunque equivocados en la orientación general que esperaba todo de un “poder popular” desarmado, se dieron cuenta de un punto importante: del valor que tenía para los trabajadores vivir una experiencia de dirección de aquello que sentían suyo. Esos últimos meses en que funcionaron los comités de fábrica, los cordones industriales, los comandos comunales, se vivió la gran fiesta de la democracia”.

Pero no es sólo esta posibilidad prefigurativa la única fortaleza de enfocar esta discusión hacia la necesidad de generar experiencias de poder que permitan educar políticamente a las masas, así como dar cuenta del nivel de participación en la política que se busca en el comunismo libertario. Otra ventaja es que este tipo de apuestas permiten aumentar la base social de apoyo a dicho proyecto, más allá de la unidad ideológica indispensable en un partido o grupo político; es decir, permite incorporar al proyecto a sectores no necesariamente politizados o que no cuentan con experiencias previas de militancia ni formación. Así, el autor continúa:

el éxito que tuvo esa experiencia de democracia de los trabajadores en su conjunto, la cual remite al socialismo de los consejos, revela que era necesario ofrecer la esperanza de una sociedad en que la dictadura del proletariado no fuera a sustituir al socialismo democrático. Sin crear esa certeza no era posible generar la amplitud necesaria para imponerse contra el gran capital monopólico o bancario que era necesario nacionalizar. La experiencia post-octubre ofreció a muchos trabajadores la posibilidad de esa experiencia. Ella pudo haber reordenado el cuadro político si, antes que la crisis fascistizara a las masas de la oposición, se hubiera podido convocar a esa experiencia a los militantes y a los trabajadores demócrata cristianos que todavía creían en el comunitarismo.”

Se trata, en definitiva y volviendo a la actualidad, de encontrar un equilibrio entre la necesidad de trabajar en reformas democráticas que sirvan para tensionar el marco constrictor de la democracia limitada del capitalismo maduro de nuestro país, y la acumulación política para construir, a través de la experiencia de la clase, una democracia de masas que, cuando se adquiere como práctica, aspiración y elemento programático, entra en contradicción directa con los límites del modelo neoliberal en particular y del capitalismo en general.

El desafío de los revolucionarios es interpelar al sentido común de la clase (que, como señalamos, tiene fuertemente arraigados elementos propios del neoliberalismo), pero aspirando a transformarlo a través de sus experiencias de lucha, organización, victorias y aprendizajes. Si se logra este equilibrio, no solo se romperán ciertas trabas, cosa que hará posible la organización más efectiva de sectores sociales que hoy se encuentran restringidos por la legislación, sino que a largo plazo se generarán las condiciones para la profundización de la organización, cambiando cualitativamente la correlación de fuerzas entre las clases sociales y abriendo una etapa diferente de la lucha de clases. En última medida, no se trata de ocupar espacios de la institucionalidad, sino de expropiar para las masas espacios de soberanía, entroncando directamente con la estrategia del Poder Popular.

A ese proceso de ruptura con el marco del neoliberalismo como contexto social, económico y cultural lo llamamos ruptura democrática. Esta ruptura implica, en el marco de nuestro país, la necesidad de una movilización social de potencia y, en el plano político, implica generar las condiciones para dar una salida hacia adelante a la movilización de masas, hoy en gestación. En otras palabras, esto apunta a poder generar desde el movimiento popular y sus organizaciones de masas, un momento de inestabilidad política y económica que permita realizar reformas democráticas y con proyección socialista profundas en ambos planos, transformaciones que entendemos no pueden realizarse desde la institucionalidad debido a los enclaves autoritarios y a la presencia hegemónica de los partidos políticos del bloque en el poder.

Entendemos que esta apuesta política comparte algunos elementos con el giro que ha realizado la izquierda abertzale en el País Vasco, y que cobra actualmente vida en la llamada política de la “Confrontación Democrática” (CD). Durante los últimos años los compañeros/as reunidos/as en las organizaciones abertzales debatieron en torno al abandono de la estrategia político-militar y la adopción de una nueva estrategia de construcción para avanzar hacia su objetivo de una Euskal Herria independiente y socialista. De esta forma hoy en día el trabajo del partido Sortu -la nueva organización política abertzale- orienta su trabajo hacia la Confrontación Democrática en una fase política definida como de “revolución democrática nacional” que busca avanzar hacia un Estado independiente que tenga como pilar la lengua y la cultura vasca, el ideario socialista, el feminismo y cuya esencia sea la democracia popular. Esto a partir de 3 elementos centrales que componen la C.D.: la desobediencia civil, la construcción nacional y la transformación social, los que surgen a partir de una lectura de la realidad que afirma como base para su desarrollo las siguientes condiciones materiales:

La violencia estructural, sistémica y organizada que los estados ejercen contra Euskal Herria persiste aún. La represión judicial y policial es la muestra más directa de esta violencia. Pero persisten otras manifestaciones más encubiertas que se extienden a la actividad cultural, social, política, económica. Por lo tanto Sortu considera legítima la respuesta social de contestación a estas agresiones. Así consideramos la desobediencia civil y política una herramienta de lucha contestataria, y una alternativa para oponer al poder de los Estados, el poder popular que defienda los intereses individuales y colectivos del pueblo vasco”. Extraído del video explicativo de la Línea Política de Sortu, disponible en internet a través de la red youtube.

De esta forma vemos que la reflexión que impulsa nuestra propuesta no es única, sino que se entronca con ejemplos interesantes de la construcción revolucionaria actual. En este caso, la actual estrategia planteada por la izquierda abertzale, que tiene como eje central el desarrollo de la movilización de masas y la lucha política para poder generar un escenario que permita avanzar en sus demandas. Esto, a pesar de desarrollarse en un contexto muy diferente, comparte la implantación del modelo neoliberal.

Para que este proceso no se entrampe ni desoriente, es necesario que sean las masas las que lleven la iniciativa y sean las protagonistas, dejando atrás los modelos de democracia burguesa y valorando en la práctica la democracia de masas. Mediante esta experiencia se abre la puerta a la acumulación política tanto en términos materiales como subjetivos, poniendo frente a frente estas dos concepciones. La única manera en la que esto llegue a buen puerto es, insistimos, pasando de la movilización a abordar los problemas políticos y del poder. Es esa la apuesta y es ese el horizonte que los socialistas revolucionarios creemos, debemos imprimirle a los movimientos sociales, acompañando sus dinámicas y procesos propios.

De qué manera dar la disputa de cara a lo institucional



El marxista, al analizar el momento, no debe partir de lo posible, sino de lo real
V. I. Lenin, “Cartas sobre táctica”

La “vanguardia compartida”, el Frente Unificado de Izquierda y la construcción de la izquierda libertaria.

La revolución chilena está condicionada por la historia y el desarrollo de la sociedad y la izquierda chilenas, y no puede ser entendida sin tenerlas presente. Así, la materialización orgánica y política de la aproximación que proponemos aquí debe ser tratada en tres dimensiones. La primera tiene relación con lo que denominaremos la “vanguardia compartida”, concepto que creemos fundamental para una apuesta de izquierda con reales intenciones de realizar transformaciones profundas. La segunda gira en torno a la generación de un “Frente Política y Social de Izquierda”, y la tercera apunta a la construcción de la “Izquierda Libertaria”, con sus diferentes expresiones orgánicas y estructuras.

El primer punto planteado es el más general y la base de las otras dos reflexiones. Creemos que nos permitirá ir definiendo en la realidad, en lo concreto, la unidad de la izquierda en su dimensión social y política en todos sus niveles (estratégico y táctico), así como posteriormente la idea de una “Izquierda Libertaria”. Es importante, entonces, ir adentrándonos en las nociones de la “vanguardia compartida” a partir de cómo se relaciona el comunismo libertario con las otras organizaciones de la izquierda, sea con las expresiones orgánicas propias del -actualmente vigoroso- reformismo como con la izquierda de “intención revolucionaria”.

En el primer caso, es importante entender que actualmente en el país la organización más grande de la izquierda sigue siendo, por mucho, el Partido Comunista; el que mantiene una importante presencia militante en el movimiento sindical, en las organizaciones estudiantiles y territoriales, con una identidad político-cultural clara e instalada en el mundo popular, una historia de 100 años de experiencia y trabajo, así como un número de militantes alto y con presencia nacional. Junto a este partido se agrupan actualmente el Movimiento Amplio Social reunido alrededor de la figura del antiguo senador socialista Alejandro Navarro, y la “Izquierda Ciudadana” -creado por la fusión de la antigua Izquierda Cristiana, parte de Nueva Izquierda y la Acción Socialista Allendista- al interior de la “Nueva Mayoría”, pacto que conforman estos partidos con la Concertación como una alianza electoral y programática de cara a las elecciones del 2013. Por su lado, la izquierda que nosotros denominamos de “intención revolucionaria”[6] se caracteriza actualmente por su profunda atomización, existiendo decenas o centenares de agrupaciones, partidos, movimientos y organizaciones que abarcan desde el marxismo en sus distintas tendencias hasta el anarquismo, y que durante los últimos 23 años han sido incapaces de instalarse como una fuerza política relevante, más allá de sus variables niveles de influencia en algunos sectores sociales en particular.

Ante este escenario nos parece que es fundamental que la izquierda sea capaz de superar el sectarismo que la ha caracterizado desde los años 90 hacia adelante, así como la atomización en una multitud de organizaciones que a pesar de lo grandilocuente de sus denominaciones, en la mayoría de sus casos no van más allá de pequeños aparatos que agrupan a no más de una centena de militantes en el mejor de los casos, con escasa influencia social y política. Lamentablemente la ilusión mesiánica de ser la vanguardia única -como si el solo hecho de asumirse como tal entregara ese carácter a un grupo- ha impedido avanzar en debates políticos concretos que permitan no sólo pulir las propuestas de cada uno, sino también avanzar en la unidad de la izquierda anticapitalista.

Aquí entroncamos con algunas reflexiones que la izquierda chilena, sobre todo militantes del Partido Comunista, realizaron durante los años 70 cuando se buscaban explicaciones a la tremenda derrota sufrida por nuestro pueblo en 1973. De esta forma, tal como es relatado en el libro Su revolución contra nuestra revolución de editorial LOM, revisando las experiencias contemporáneas en América Latina y por sobre todo las experiencias de lucha en Nicaragua y El Salvador se buscó superar la tesis de un único partido de vanguardia, incorporando el pluralismo político dentro del sujeto revolucionario y el concepto ya mencionado de vanguardia compartida. Para los expositores en el libro, esto se refería básicamente a:

reconocer como señero el proceso que el propio PC había liderado para constituir la Unidad Popular, que era considerada un buen ejemplo de “vanguardia compartida” amplia y pluralista, implicaba que la “perspectiva insurreccional” debía ir no sólo de la mano de las masas, sino de los movimientos y partidos “anti-fascistas”. Aquí, nuevamente, se aprecia el entronque con la tradición comunista de frentes amplios, pero modificada según los ideólogos de la “Rebelión Popular”, por una perspectiva completa de la lucha por el poder”. En “Su revolución contra nuestra revolución”; editorial LOM, 2006, pp. 139.

En esa misma línea, de aunar esfuerzos en la izquierda y abandonar postulados basados en la idea de la vanguardia única se pronuncia la izquierda abertzale a partir de su giro estratégico desde una línea político-militar hacia una estrategia basada en la movilización de masas y en la “confrontación democrática”. De esta forma, Arnaldo Otegi, histórico dirigente de ese sector político, lo deja claro en un discurso de fines del 2009 en el que presenta la propuesta política:

Pero el proceso, para su desbloqueo, para su puesta en marcha y para su desarrollo necesita sumar fuerza. Y necesita aunar fuerzas para cambiar la relación de fuerzas con el Estado, y necesita sumar fuerzas a la izquierda del Partido Nacionalista Vasco en este país. Esa es la segunda de las grandes tareas que tiene asignada la izquierda abertzale. Y lo vamos a empezar a hacer por encima de la represión, por encima de todos los obstáculos que se pongan encima de la mesa, con paciencia, sin prisas, pero dando pasos efectivos para configurar un bloque histórico de trabajadores y trabajadoras, un bloque popular que reivindique con claridad y nitidez la independencia nacional de Euskal Herria”. Arnaldo Otegi, 2009, discurso presentación propuesta abertzale, “No nacimos para resistir, nacimos para ganar”.

Esta postura fue respaldada en el congreso fundacional del partido “Sortu” -nueva expresión política de la izquierda abertzale- en febrero del 2013, en el que se afirma que:

[para] formar un Bloque Nacional Popular en favor de la independencia con sectores y agentes de diverso tipo (…) es de máxima prioridad para Sortu ampliar y fortalecer las alianzas y acuerdos adoptados por las fuerzas políticas abertzales, soberanistas y de izquierdas en los últimos años, sin dejar de lado otros acuerdos tácticos que se puedan intentar en torno al derecho a decidir

Es reconociendo la validez de estos postulados que creemos que debemos dejar de lado los sueños sobre revoluciones con un programa completamente anarquista, en las que el Estado es disuelto y existe una única fuerza hegemónica, exclusiva e indisputada -idea muy similar, por lo demás, al planteamiento leninista del partido de vanguardia de la clase obrera. Es necesario incorporar en nuestro diseño táctico-estratégico la idea de una revolución en la que somos una más de las fuerzas bregando por el socialismo desde la perspectiva libertaria, apoyados en la unidad de la izquierda y, por ende, en conjunto con el resto de las fuerzas del sector, sean marxistas, cristianas, libertarias, etc. Sólo así creemos que es posible impulsar con energía y más allá de nuestras fuerzas propias, una estrategia de construcción basada en el poder popular, la organización de masas y la independencia de clase.

Ante ese desafío, la generación de un Frente Político y Social que logre reunir a la izquierda (en adelante, FPS) marca el salto a la segunda dimensión de reflexión que mencionábamos antes, ya que apunta a la necesaria unidad con el resto de las expresiones del sector, con el que podremos afrontar de mejor manera la institucionalidad del Estado. Este frente tendría como principal tarea la construcción de una unidad programática capaz de darle potencia al desarrollo político que está viviendo el movimiento social en Chile; desarrollo que, por cierto, debemos impulsar y orientar, y esto no será posible con esfuerzos dispares, atomizados y hasta contradictorios. En este sentido es imperioso dar una reflexión profunda respecto a cual sería un programa mínimo que proponerle al mundo popular, entregando orientaciones políticas básicas en un momento en el que la tarea fundamental continúa siendo el fortalecimiento de las organizaciones de masas, de la Acción Directa de Masas y de la capacidad de lucha que han demostrado las franjas más activas de los sectores populares.

Los beneficios de esta política unitaria apuntan de forma central a poder generar espacios que fortalezcan y logren reunir a una parte importante del activo social y político que se ha desarrollado a partir de las luchas de masas que hemos visto en nuestro país a partir del año 2006. Además, el mismo estado precario de la izquierda (tanto políticamente como en infraestructura y recursos de todo tipo), y lo vulnerable que es aún el proceso de reconstrucción de las organizaciones sociales ponen en el centro del debate la capacidad que tengamos para poder dar debates y discusiones, y por sobre todo, de avanzar hacia acuerdos básicos para maximizar nuestras posibilidades con los exiguos recursos con los que contamos.

En torno a este punto puede ser útil recordar los debates que cruzaron el nacimiento del Frente Amplio uruguayo, en el sentido de que tuvo que enfrentar una situación de gran dispersión orgánica en la izquierda, la salida de grupos provenientes de los partidos políticos tradicionales, así como la existencia de diferentes estrategias generales para la revolución. De esta manera, podemos ver que la integración de variadas y dísimiles fuerzas se enfrentó por algunos miembros del FA de la siguiente manera:

El FA, como lo concebían los GAU, debía abrir un cauce a todas esas fuerzas, pero necesitaba comités de base para iniciar la superación de la dispersión orgánica de la izquierda y para incorporar el creciente número de independientes, desprendidos de los partidos tradicionales, sin necesidad de que optasen por tal o cual sector de la izquierda.” Marta Harnecker, “Una izquierda que avanza”, LOM, 1995, Santiago. P.32

Vemos aquí un intento explícito de unidad sin sectarismo, y que apunta a la integración sin que implique necesariamente absorción, una actitud que lamentablemente ha sido muy común en la izquierda mundial. Esto se pudo intentar pues el FA no era visto solamente como una sumatoria de grupos “por arriba”:

Esteban Valenti: Efectivamente, desde el primer momento el Frente Amplio no es una suma de los partidos solamente. Aunque nace el 71 de un acuerdo de los partidos, no hay dudas que ya en su nacimiento expresa algo mucho más que la suma de éstos. No crecemos sólo porque agrupamos fuerzas políticas que antes estaban dispersas, no. Si se suman los porcentajes de votos obtenidos por todas las fuerzas del Frente Amplio que en el 66 se presentaron dispersas, en el 71 se percibe una duplicación. Y eso es producto de que hay un tejido de personas independientes que se sienten frenteamplistas y que juega un papel fundamental.” Ibid, p. 36.

Los beneficios de este tipo de “actitud” en el llevar adelante la política de unidad tuvo rápidos y considerables beneficios, en el mismo testimonio lo podemos apreciar.

Esteban Valenti: Después vino la explosión de los comités de base, salieron cientos en todo el país, donde se discutía de todo. En el interior del país por primera vez se rompe la pequeña cascarita de un partido de izquierda aislado de la sociedad y empieza a existir una fuerza política que puede aparecer, debatir, en los barrios.” Ibidem.

Pero la actitud hacia el carácter del FA no estuvo exenta de problemas, ya que las tradicionales visiones sectarias y los temores al crecimiento, la discusión y la disputa estuvieron presentes

Héctor Rodríguez: Las mesas redondas que discutieron la convocatoria de octubre de 1970 culminaron en la formación de comités pro Frente, pero efectivamente la explosión de su crecimiento vino después del 26 de marzo de 1971. Sin embargo, la oposición inicial a los comités de base entre dirigentes fue general. Como teníamos cierto acuerdo de los GAU con el PS y el MRO respecto al frente político, consultamos la iniciativa GAU relativa a los comités de base. No tuvo aceptación con el argumento de que “los comités serían copados por el PC”. Respondimos que no estábamos de acuerdo y que llevaríamos la propuesta a la comisión que proyectaría los estatutos o el reglamento del Frente. Así lo hicimos y la primera, mayor y más duradera oposición la hizo el PC, por boca de su delegado, el compañero César Reyes Daglio, quien decía: “Los partidos y los grupos políticos representan clases y sectores sociales. Las bases de los partidos y los grupos son las bases del Frente”. “No lo negamos -respondimos-, pero hoy (1971) hay cientos de miles de uruguayos que se desprenden de los partidos tradicionales y el Frente debe abrirles una puerta grande, después, si quieren, harán su opción partidaria.” P.36.

Es esta última frase la que creemos que debe ser parte de la guía a llevar adelante en cuanto al FPS, una guía que apunte a expander el alcance de nuestras posiciones aún a aquellos sectores que inicialmente pueden ser férreos opositores de la izquierda (en abstracto), pero a los que a través de la práctica y la integración se puede llegar. Una experiencia similar, pero que sólo quedó en gérmen fue la de los Comités de Unidad Popular, CUP, nacidos durante la campaña que finalmente llevaría a Allende a la presidencia de Chile. Estos comités lograron reunir a muchas personas, las que se unieron a la campaña, debatieron, activaron, pero que al comenzar el Gobierno fueron desarmados por los partidos políticos, quienes quisieron mantener el monopolio de la política en el proceso.

Por lo demás, es cierto que durante los últimos años se han visto intentos más desarrollados y serios de avanzar hacia espacios de unidad al interior de la izquierda, en gran medida impulsados por el desarrollo de nuevas experiencias de luchas de masas, sin embargo creemos que lo hecho hasta el momento es a todas luces insuficiente para enfrentar los desafíos que tenemos adelante. El Partido Igualdad, el último intento de generar una nueva estructura política de la mano del reagrupamiento de compañeros y compañeras provenientes de distintas tradiciones, experiencias de lucha y generaciones militantes, ha sufrido hace poco un quiebre debido a la tensión provocada por la discusión en torno a las elecciones presidenciales y parlamentarias que se vienen. Es por estas razones que creemos importante enfocar esta discusión con seriedad y con calma, con responsabilidad y con audacia, teniendo clara la magnitud del desafío y la necesidad de superar trabas que ya han hecho fracasar intentos previos en este camino.

Entendemos también que un espacio como el que mencionamos, estará cruzado por un fuerte debate en torno a las opciones tácticas más adecuadas para enfrentar los distintos contextos futuros, y que el componente electoral no estará ausente, por lo que debemos estar preparados para eso. En nuestra opinión, lo importante es que se llegue a acuerdos que permitan trabajar juntos; lo cual es posible aún no estando de acuerdo en la centralidad de este elemento (lo electoral), y así, seguir participando en una alianza con tal de aprovechar y utilizar la movilización, agitación y la organización de masas en la base, como un catalizador y sostén de un proceso mayor, que apunte a la construcción del socialismo y no meramente al gobierno de turno, por lo cual se centra en la construcción de gérmenes de Poder Popular.

Teniendo claro todo lo anteriormente dicho, nuestra estrategia de construir Poder Popular en el Chile de hoy y de confrontar directamente la institucionalidad, tiene que ver tanto con el trabajo que se hace “por fuera” de lo institucional[7] como con el que se realiza atacando “hacia” lo institucional[8], en una maniobra envolvente que debilite al Estado y la institucionalidad, al tiempo que fortalezca la organización popular y la experiencia del pueblo. En esto, el rol de los comunistas libertarios se importante y claro, utilizar todos los espacios existentes en la coyuntura para poder avanzar política y programáticamente junto al pueblo, generando gérmenes de poder popular, y una nueva manera de entender la democracia y el socialismo. Es por eso que es importante la última dimensión que mencionábamos, el desarrollo urgente de la Izquierda Libertaria, tanto en sus aspectos partidarios como en torno a sus aparatos de masas, construyendo el entramado orgánico que nos permita implantarnos sólidamente en los distintos sectores del pueblo.

Esto quiere decir no sólo el desarrollo de un aparato que visibilice el proyecto y que sepa dar contención a expresiones militantes diversas en torno a una “Matriz Político-Cultural Comunista Libertaria”[9], que hoy ya se desarrolla de forma incipiente al alero de expresiones estéticas y culturales como las Unidades Muralistas Luchador Ernesto Miranda. El desafío consiste en enfrentar, como corriente política, el momento particular del país y el desarrollo concreto de los movimientos de la clase, a través de la generación de propuestas políticas a nivel nacional que interpelen a las masas y las llamen a reunirse en torno a demandas y horizontes concretos y realizables, pero que al mismo tiempo, como ya dijimos, den una salida hacia adelante a su descontento. Así, proponemos que la Izquierda Libertaria (a mediano plazo) sea un conjunto orgánico de los libertarios a nivel nacional, estructurado en torno a comités locales divididos en torno a temáticas o frentes de acción, con mesas regionales, y una mesa nacional. De esta manera, se podrá mantener una relación horizontal, federativa y democrática entre los distintos espacios de la I.L. y al mismo tiempo potenciar un trabajo político y social de conjunto. A nivel general la Izquierda Libertaria tendría una plataforma que unificaría y brindaría coherencia a todos los trabajos que se realicen, y que debe ser creada con el aporte de los distintos sectores agrupados en ella.

Nuestro objetivo con estas tres dimensiones es poder generar las bases de un proyecto político que se pueda situar como una alternativa real de cara a los sectores populares, y que apunte a debilitar al Estado, al mismo tiempo que nos permita ir fortaleciéndonos en distintas dimensiones: orgánica, política y social; y en varios niveles: como sector libertario y como izquierda en general. Esto entendiendo que tensionar al Estado y a la institucionalidad, develando sus enormes limitaciones y su rol profundamente clasista, nos abrirá el camino a la integración de amplios sectores sociales que aún tienen fe en esos instrumentos, y que buscan en el Estado la solución a sus problemas. Insistimos nuevamente en que a estos sectores no los podemos dejar solos ni podemos centrarnos solamente en los sectores en los que tengamos rápida aceptación e influencia o en las franjas más avanzadas del movimiento popular. Si nos limitamos únicamente a los sectores radicales, no solamente regalaremos espacio al reformismo y la derecha, sino que cometeremos un error que nos aislará de las masas y afectará negativamente nuestra percepción de la realidad. El MIR, poco tiempo después del abrupto final del gobierno de la Unidad Popular reflexiona sobre esto, advirtiéndoles a los compañeros del PRT argentino en 1974:

Francamente nos preocupamos cuando vemos que los objetivos que Uds. plantean a la clase obrera se limitan a la lucha por la defensa de sus intereses y a la lucha antiburocrática, apreciamos la ausencia de una plataforma global específica para el periodo y para cada frente en particular, el no planteamiento de objetivos de transición y no vemos proposiciones de Uds. para nuevas formas de organización de masas que creemos el periodo posibilita y necesita (por radicales que sean las formas de lucha de masas que Uds. realizan), y a la vez vemos que Uds. impulsan y realizan acciones armadas mayores, nos parece, y podemos equivocarnos, que con esto se genera un vacío, una importante distancia entre el carácter, la extensión, la profundidad, del trabajo de masas y el accionar militar del PRT que visualizamos desde acá como “adelantado”, espacio que es de hecho concedido al trabajo político del reformismo y el populismo, y que Uds. sumidos en el enorme ascenso del movimiento de masas, pudieran no visualizar, y de esta forma progresivamente aislarse del núcleo fundamental de la clase obrera y el pueblo y sólo vincularse a los sectores de vanguardia y más conscientes...” Miguel Enríquez, 27 de Julio de 1974, fragmentos, Santiago, 27 de Julio de 1974. Transcrito de Informe Interno. MIR, Zona Europa, Nr. 6, Junio 1975, 7 páginas mimeografiadas.

El programa mínimo de transformaciones



Tal como decíamos antes, es claro que el modelo actual se encuentra en una encrucijada debido tanto a las movilizaciones sociales como al agotamiento actual de su capacidad de contener las demandas que surgían del mundo popular a través de diferentes mecanismos estatales. Sin embargo, esta situación no se puede prolongar en el tiempo, y es necesario que el movimiento popular sea capaz de generar condiciones más favorables para sus demandas, y para la construcción de los gérmenes del poder popular.

En ese sentido, creemos que se hace necesario tensionar los estrechos límites del modelo a través de algunas transformaciones que nos permitan pasar a un nuevo estadio en la lucha de clases. Con esto nos referimos a elementos que nos permitan no sólo fortalecer la organización popular, sino que también tensionar al Estado y los mecanismos que tiene la burguesía para proteger sus intereses.

En esa línea identificamos algunos elementos claros:

En primer lugar, creemos necesario instalar la necesidad indispensable de un nuevo código laboral, una revisión de la legislación municipal y en torno a las organizaciones territoriales -juntas de vecinos, centros de madres, comités locales etc.- y la protección a la organización estudiantil. El objetivo con estas demandas es asegurar la posibilidad de organización en diversos sectores de la clase que hoy no participan de organizaciones de masas, así como tensionar la capacidad local del Estado de controlar las demandas sociales y los estrechos límites de la democracia actual. Es importante también proyectar la lucha por un nuevo sistema previsional, que impida continuar con el negocio que hacen los empresarios con las escuálidas pensiones que actualmente existen en el país. Además, creemos que es necesario asumir la lucha por una Educación pública, gratuita y popular, que se expresa en un funcionamiento interno democrático, con un Proyecto Público de Educación que orienta sus curriculum, su investigación y su extensión con las necesidades del campo popular y la mayoría de la población.

Otras demandas que es necesario instalar y profundizar en el debate es la descentralización efectiva a nivel nacional de la administración, entregándole la importancia que merece a la opinión de las comunidades locales y regionales en la toma de decisiones políticas. El debate profundo e informado a nivel nacional de la matriz energética de nuestro país sopesando las necesidades de nuestra economía, los desafíos políticos y sociales que tenemos por delante, y la debida y necesaria protección del medioambiente. De igual forma, es indispensable incorporar la discusión sobre las temáticas de género y la realidad de la mujer, no sólo en torno a temáticas como el aborto sino los derechos reproductivos en general -temáticas que han llegado a convocar a decenas de miles para la protesta por la “Pastilla del día después” el 2008-. Otro punto importante es, a la luz de estos mismos debates -que necesariamente se cruzan- aterrizar la renacionalización de los recursos naturales -incluyendo no sólo el proceso de extracción y procesamiento de cobre sino también el agua, el litio, la industria forestal, salmonera etc-, así como la lucha por una soberanía alimentaria, de manera tal que los productos del trabajo en nuestro país puedan ser invertidos en función de responder a las necesidades de nuestra población, y robustecer nuestra apuesta económica. Finalmente, la dura realidad que viven los inmigrantes en nuestro país debe ser enfrentada de manera responsable por cualquier proyecto revolucionario.

De esta forma, creemos que podemos articular un programa que nos permita no sólo buscar generar condiciones más favorables para finalizar el proceso de reconstrucción de las organizaciones de masas, sino que también instalar una nueva lógica democrática, más profunda que la estrecha democracia de la transición, hacer tambalear las bases centrales de sustentación del modelo económico neoliberal y luchar por ir sentando las bases que vayan prefigurando esa nueva sociedad que buscamos construir.


Notas

[1] Un ejemplo de particular dureza en este sentido fue la derrota política sufrida por los libertarios en la lucha por la vivienda, en donde a pesar de tener una presencia militante importante en la dirección, el énfasis en el método de lucha -la toma de terreno- y la incapacidad de poder leer el momento y las condiciones, así como el no proyectar la lucha hacia algo más allá a la reivindicación del derecho a la vivienda, produjo el desplazamiento y luego la salida del espacio en favor de sectores que luego confluirían en el Partido Igualdad, y que si conectaron la lucha del sector con la posibilidad de avanzar hacia el municipio con un programa comunal de transformación.

[2] Fuerzas políticas representadas actualmente por los partidos del bloque en el poder -los derechistas UDI y RN así como los 4 partidos tradicionales de la Concertación DC, PPD, PRSD Y PS- junto a las fuerzas que se han incorporado a esta última alianza para formar la “Nueva Mayoría”: el Partido Comunista, el MAS y la Izquierda Ciudadana.

[3] “Bríos reformistas” en la medida en que la Nueva Mayoría se verá obligada a prometer avances en torno a las demandas de los últimos años, en un esfuerzo por ganar el gobierno nuevamente.

[4] Sectarismo e inmadurez que se puede ver en la manera en que la IIR discute entre sí y con el reformismo, así como en la manera en que sobreideologiza las discusiones en las organizaciones de masas. En ambas el respeto y la no caricaturización del otro brillan por su ausencia, mientras que en la organizaciones de masas se tiende a llevar las discusiones a bizantinismos en torno a la pureza revolucionaria de los postulados, sin pensar nunca en las condiciones materiales del proceso en el que se está inserto.Una lamentable muestra de estas situaciones se pueden ver en el quiebre sufrido por el Partido Igualdad recientemente al alero de la discusión electoral, y a la fractura sufrida por la Federación Nacional de Pobladores en torno a este mismo tema.

[5] VV.AA., “Comunismo Libertario N°2, p. 18, Gabriel Rivas, El anarquismo y el problema del poder, pág. 18.

[6] Esto es, una izquierda que a diferencia del Partido Comunista, el MAS y la Izquierda Ciudadana, apunta a realizar transformaciones radicales en el modelo pero sin llegar a compromisos programáticos o políticos con los partidos del bloque en el poder, de ahí el apelativo de “revolucionaria” en contraposición a la izquierda “reformista”. Por otro lado, se caracteriza por ser de “intención” revolucionaria ya que creemos que actualmente, el bajo nivel de desarrollo político y programático de la izquierda, así como su bajo nivel de compenetración con el mundo popular implica que por el momento existen proyectos de izquierda revolucionaria, sin existir aún alternativas establecidas y maduras en el sector.

[7] Comprendiendo aquí toda la gama de acciones que se realizan “por debajo” y que se circunscriben generalmente a las organizaciones de masas, fortaleciéndolas en una perspectiva de generar órganos de poder popular “ajenos” a la institucionalidad burguesa.

[8] Nos referimos a aquellas acciones que pueden implicar reformas que apunten a poner en evidencia la contradicción que tiene todo el entramado institucional chileno con una democracia profunda, de masas, y la imposibilidad de que la democracia, entendida burguesamente, pueda responder a los intereses del conjunto del pueblo.

[9] Se refiere a un conjunto de elementos que apuntan a la generación de una cultura y mística identitaria, y que adquieren coherencia en un entramado semántico desde el cual se busca interpretar el mundo y ejercitar nuevas relaciones sociales pre figurativas de un nuevo orden social. Busca generar una cultura -hábito relacional-, una estética, una postura política -acción racional para conseguir un objetivo- e incluso una corriente musical que instale al comunismo libertario más allá de una teoría o una ideología.

Related Link: http://www.cel-arg.org
author by alma apátrida - CNT Martorellpublication date Mon Aug 19, 2013 04:01Report this post to the editors

1) Me gustaria hacer una reflexión sobre el tema de la clase media y su relación con el proletariado. Si no recuerdo mal, una de las diferencias entre Marx y Bakunin era que, si bien ambos desconfiaban de la pequeña burguesia, el primero consideraba que esta podia ser arrastrada por el proletariado hacia posiciones revolucionarias mientras que el segundo era mucho más pesimista al respecto, era quizás mucho más visceral y obrerista intransigente en este sentido. Has citado el cambio de posiciones en la III Internacional respecto al tema de la clase media y su necesidad de incorporarla a nuestro proyecto político basándonos en este cambio de posición de nuestros históricos adversarios, no puedo evitar recordar las consecuencias que tuvo esta nueva política comunista en la Revolución Española: Los comunistas catalanes del PSUC se nutrieron precisamente de este sector social e hicieron una defensa acérrima de sus intereses EN CONTRA de los del proletariado. Un ejemplo: El tema de la alimentación se polarizó en dos posturas; la de los anarcosindicalistas que defendían los "Comités de Abastos" (organismos obreros creados espontáneamente que distribuían los alimentos a los comedores populares) coordinados por el Sindicato de la Alimentación de la CNT (si mal no recuerdo) y la de los comunistas que defendian que el comercio siguiera en manos de la pequeña burguesía que especulaba con los precios en momentos de necesidad, estos incluso se opusieron al monopolio del comercio por parte del Consejo de la Generalidad defendido por la CNT, para no dañar los intereses de la pequeña burguesía. O sea, en este caso la política del "Frente Popular" defendida por los comunistas supuso que los intereses del proletariado (mayoritariamente anarcosindicalista) fueran rezagados por una pequeña burguesía que se lanzaba a los brazos de los seguidores de Stalin. ¿Deberian, entonces, los anarcosindicalistas haber relajado sus planteamientos para incorporar a la clase media y olvidarse del control obrero del comercio alimenticio?

Sinceramente, creo que no, y creo que olvidas a otro sector social con el que es más plausible tejer alianzas: aquella capa de población excluida del proceso productivo que sobrevive en los margenes del sistema, aquellos que Marx denominaba "lumpenproletariado" y que no pareces haber analizado en tu escrito (a no ser que lo incluyas dentro del proletariado, por ser su capa "baja" si bien tiene características distintas). El papel de este sector social era otro punto de fricción entre Marx y Bakunin, mientras el primero lo veía intrinsicamente reaccionario y "carne de cañon" de formas políticas bonapartistas (aunque admitia que podia ser arrastrado por el proletariado a la revolución, lo admitia solo de manera ocasional) el segundo tenia una visión mucho más positiva de él y señalaba que en algunas ocasiones era este quien habia arrastrado al proletariado y no al revés (esta visión positiva de este sector social fue defendida más de un siglo más tarde por la Escuela de Frankfurt en contraposición a una clase obrera acomodada): Hoy en dia tenemos ejemplos numerosisimos de movimientos sociales radicales que impulsan el cambio integrados por personas de este sector social en contraposición a una clase obrera que a veces le cuesta moverse porque le pesan las estructuras burocráticas sindicales en las que esta integrada.

En resumen, podemos tener cierta "mano derecha", cierta "cintura política" pero no nos engañemos: somos anarquistas revolucionarios y es mucho mejor centrarse en los excluidos que en un sector social que muy dificilmente apoyará nuestra propuesta "por las buenas" (además no olvidemos que excluidos y clase media pueden entrar en conflicto a menudo) será necesario cierto grado de coacción y en este sentido considero acertada la política de la CNT respecto a este sector social durante la Revolución Española.

2) Por otra parte, haces una defensa del sector "posibilista" de la CNT en cuanto a que su actitud frente a la República permitió la acumulación política necesaria pero olvidas creo yo que si no hubiera sido por el sector insurreccional, que intentó derrocar la república burguesa en tres ocasiones, no hubiera habido la preparación militar necesaria para hacer frente al Golpe de Estado del 18 de Julio mediante los "Comités de Defensa Confederal", auténtico "ejército anarquista en la sombra", preparado por el sector que he mencionado.

Resumiendo, me parece que detrás de la heterodoxia que hace gala el texto se esconde cierto reformismo, si bien estoy abierto a las posibles críticas, pues algunos temas de mi texto se podrian desarrollar más a la luz de estas. Salud.

author by Manu Garcíapublication date Thu Aug 22, 2013 22:20Report this post to the editors

Interesante documento, plantea una serie de inquietudes propias de un movimiento político con vocación de mayorías y algunas respuestas tentativas. Es muy positivo cómo se están dando estos debates y muestra de la madurez que de a poco va alcanzando el proyecto político de los libertarios de Chile. Felicitaciones a los autores del texto y ojalá continúe la reflexión programática, estratégica y táctica.

En cuanto a los comentarios de "Alma Apátrida", me parece asimismo que señalan, partiendo de dos referencias históricas que se hacen en el documento, varios problemas básicos para afrontar con seriedad el cambio social.

Por un lado, la cuestión de la transición, o transiciones, y de cómo concebimos el cambio social, tanto en líneas generales como en un contexto sociohistórico concreto.

Un análisis serio tiene que partir constatando la existencia de diferentes periodos que hay que saber identificar adecuadamente porque cada uno de ellos requiere de tareas particulares: el rol de las fuerzas sociales en presencia es diferente y la actitud de los revolucionarios ante ellas también debe serlo. Por ejemplo, el rol de la pequeña burguesía no es siempre el mismo en todos los contextos, no es lo mismo en un periodo de relativa paz social, que en uno pre-revolucionario y que en uno derechamente revolucionario ni debe ser el mismo según su importancia numérica, sus relaciones con el resto de sectores sociales, su peso en la estructura económica, o su influencia ideológica.

En el caso del llamado lumpen, como es sabido en el caso de los países de la periferia como Chile (y más con una estructura social tan raída por las políticas neoliberales) la línea divisoria entre este sector y el proletariado, incluso del que se ocupa en los sectores estratégicos y con sueldos más altos de la economía, es muy estrecha y difusa. Fenómenos como el del rebusque, el subempleo, el trabajo en negro, las cadenas de subcontratación, la doble jornada, las changas ocasionales, la cesantía estructural, el autoempleo, la venta ambulante, el microtráfico... no son menores, anecdóticos ni marginales en estas sociedades. En ese sentido, en el trabajo político que los libertarios de Chile realizan tanto en sectores sindicales como la Construcción o el temporero (por citar sólo dos donde es muy significativa esta intersección) como en la pega territorial, el contacto con estas realidades está muy presente. Conociendo el trabajo que se desarrolla, puedo decir que no hay una opción preferente por la "clase media" pero tampoco una desvalorización ni se obvia su papel (de lo contrario no se estaría presente en el conflicto estudiantil con un rol de conducción).

En el caso histórico que comenta "Alma Apátrida", el de la guerra y revolución españolas (1936-1939) y el proceso pre-revolucionario donde se tensionaron las contradicciones sociales que la incubaron y se definieron y ordenaron las fuerzas en pugna (1931-1936), el hecho de que el sector hegemónico en la CNT durante el periodo pre-revolucionario fuera el que podríamos definir como "insurreccional" y reacio a la política de alianzas con otras fuerzas del campo popular, preparó y fue el preludio del rumbo de la organización sindical durante el periodo revolucionario .

Si bien,como comentas, su activo militante ganó una valiosa experiencia militar que le serviría en el período revolucionario, como contrapartida su ausencia de política de alianzas clara y definida y de programa para el periodo (lo acordado en el Congreso de Zaragoza eran más bien objetivos finalistas) lo llevaron a tener que improvisar y subordinarse a otras fuerzas sociales y políticas que fueron las que se hicieron cargo de la dirección efectiva de la guerra y de la política económica,desplazando cada vez más a la CNT, que por mucho que trató de adaptarse al nuevo escenario carecía de las habilidades para ello, sin programa y sin plantearse la cuestión del poder hasta que no se dio de bruces con ella y no pudo esquivarla más. Como resultado, su peso político no fue proporcional a su fuerza social y su aporte humano al esfuerzo de guerra.

El sector minoritario de CNT tras 1932, que tradicionalmente se ha denominado "posibilista" (por oposición al "maximalista" partidario de la táctica insurreccional y de una CNT autosuficiente), era consciente de la necesidad de una política de alianzas consistente hacia la UGT a nivel estatal y ERC a nivel catalán y tenía una concepción más clara sobre el carácter del periodo y un programa algo más realista para su superación.

[Hay que puntualizar que ese sector, que prefiero denominar "aliancista", no era reductible al sector liderado por Pestaña que formaría el Partido Sindicalista, ni al encabezado por Peiró, ni siquiera se limitaba al ámbito de influencia de los firmantes del "Manifiesto de los 30", ya que tenía arraigo también en la FAI a través de líderes obreros e intelectuales como Vicente Ballester y Valeriano Orobón Fernández y de figuras del prestigio de un José Villaverde en Galicia o de Quintanilla y Martínez en Asturias.]

En cuanto a la política concreta impulsada a la que aludes en tu comentario, si bien la socialización de la distribución en Barcelona y su área metropolitana trató de evitar el acaparamiento y la especulación, tuvo como resultado no deseado el crecimiento entre los sectores medios del PSUC, que como bien dices hizo bandera de la libertad de comercio y consiguió pasar de ser una fuerza política marginal a elemento central (y no sólo por la ayuda económica y militar de la URSS). Una solución intermedia, con control de precios y mayor fiscalización, probablemente hubiera conseguido los mismos objetivos con un menor costo político.

También en lo relativo a la distribución, y ya que estamos conversando al hilo de un texto de estrategia para Chile, puede ser útil recordar que durante el periodo de la Unidad Popular, tanto las Juntas de Abastecimiento y Precios (JAP) impulsadas desde el gobierno como el "abastecimiento directo" promovido por el MIR buscaron el mismo objetivo de acortar el ciclo de la distribución y evitar el enriquecimiento de los intermediarios y la formación de "cuellos de botella" entre el productor y el consumidor. Actualmente en Venezuela, el MERCAL y los almacenes populares van en el mismo sentido. No hay una única solución ni una única estrategia, depende del caso.

Del mismo modo que, en lo relativo al campesinado, y siempre según los casos, puede que sea más útil (y revolucionario en el mediano plazo) respetar en cierta medida la pequeña propiedad y no proceder a una socialización forzosa, sino a una reforma agraria moderada, que enfrentar problemas más graves de desabastecimiento, alienación del proceso de cambio de amplios sectores sociales y eventualmente la apertura de nuevos frentes de guerra.

Se trata de decisiones políticas complejas que hay que tomar teniendo en cuenta multitud de factores, de los cuales el bienestar inmediato de las masas trabajadoras es sólo uno y no el principal, pues está en juego su bienestar al corto y al medio plazo, ligados a un buen desarrollo del proceso de cambio y el aislamiento y derrota política y militar de sus enemigos. No siempre el camino más corto es el mejor, y no creo que constatar eso le convierta a uno en reformista o le haga menos revolucionario.

Ya en un orden de cosas más personal, me gustaría saber, "Alma Apátrida", si eres quien escribió un texto que vi hace tiempo sobre la evolución, en los años 60, de la matriz ideológica de la Federación Anarquista Uruguaya desde una eurocéntrica y donde pesaban mucho concepciones heredadas del liberalismo radicalizado a una latinoamericanista y con un fuerte componente nacional-popular. Lo he tratado de buscar posteriormente pero, o ha desaparecido de la red, o he sido muy poco hábil en la búsqueda. Me gustaría tener acceso a él, y que más lectores de este sitio también pudieran disponer de ese análisis, si lo subieras a Anarkismo.net te estaría muy agradecido.

Un saludo libertario

author by Alma Apátrida - CNT Martorellpublication date Fri Aug 23, 2013 01:40Report this post to the editors

Has señalado genéricamente al estudiantado como "clase media", si bien reconozco que no conozco la estructura de clases de Chile ni las diferenciadas formas de acceso a los estudios en sus diferentes niveles, hay que tener en cuenta varias cosas sobre el estudiantado: Hay algún autor que ha situado los intereses de estos en función de su condición futura de asalariado más que su procedencia familiar, además hay que tener en cuenta el porcentaje de ellos que trabajan, que viven de los padres o de alguna beca (muy pocos en Chile imagino) para situar cuales son sus intereses. Sinceramente, me parece un tanto difícil hacer un símil automático entre este grupo y la pequeña-burguesía: digo pequeña-burguesía como sinónima de pequeños propietarios que hay que diferenciar de lo que la sociología llama "nueva clase media", es decir, asalariados de altos ingresos. Esta diferencia es importante y no se refleja en el texto tampoco pues podríamos decir que tienen intereses "objetivos" bastante distintos.

Personalmente creo que se ha exagerado un poco la afirmación de que la CNT iba un poco a la deriva ante los acontecimientos: El anarquismo siempre defendió la necesidad de hacer la revolución sin establecer una dictadura y eso se plasmó en la propuesta de constituir Consejos Regionales de Defensa con un Consejo Nacional coordinador con amplia participación política, De ahí que no le sonará extraña la propuesta de Lluís Companys de constituïr un Comité Central de Milicias Antifascistas de Catalunya donde la hegemonía estaba en manos de los anarcosindicalistas (el "hombre fuerte" era Juan García Oliver"), así como la constitución del Consejo Regional de Defensa de Aragón, donde se proclamó el comunismo libertario, fue una consecuencia lógica y plasmada en los hechos de este planteamiento.

O sea, que el problema no creo que fuera tanto la "política de alianzas" (los anarquistas contaban con todas las fuerzas de izquierda, en principio) sino que la cuestión está en el siguiente planteamiento: ¿Debían rebajar/moderar sus planteamientos, en el terreno socioeconómico, para evitar que estos sectores sociales rompieran el pacto sustraído de lucha contra el fascismo? Porque hay que tener, en cuenta que quien firma un acuerdo también lo puede romper.

También hay que tener en cuenta que el anarquismo, y en eso se parece al marxismo luxemburguista, siempre ha defendido cierto espontaneísmo de las masas y los "Comités de Abastos" fueron una creación espontanea de la masa trabajadora de Barcelona. Entonces, ¿defiendes que para contentar a la pequeña burguesía estas masas cedieran ese control cuando defiendes una "solución intermedia" que consiste en medidas institucionales? Y porque debería haber una solución intermedia cuando la importancia del proletariado era bastante mayor a la de la pequeña burguesía? ¿Porque esa sobrerepresentación política de la pequeñaburguesía, un sector en aquel momento desarmado y con un papel políticamente poco relevante ante la eclosión de la revolución obrera y libertaria? Yo personalmente pienso que el error de los libertarios fue aceptar la disolución del Comité de Milicias donde se deberían haber asegurado una influencia mayor de la que ya tenian, para nada rebajaría mis planteamientos en una situación social donde mis compañeros controlan las armas y la industria

Esta claro, por eso, que aquella situación no es la del Chile actual, pero viendo la reivindicación, por parte del texto, de ciertas posturas teóricas me da la sensación que se defiende, como en aquella época, rebajar nuestros planteamientos revolucionarios para contentar a otras expresiones políticas y grupos sociales. Eso no quiere decir que yo esté en contra de establecer alianzas, pero almenos en el período actual y que me disculpen por hablar de un país que no es el mio intento ser generico, deben ser con un programa de minimos que no nos comprometa a aceptar corsés a nuestra potencialidad revolucionaria.

P.D: Si fui yo quien escribió el texto sobre la FAU, ya intentaré colgarlo a ver.

 
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CARTA OPINIÓN - FAU - SETIEMBRE 2013 - Cuando esperar cambios desde arriba no conduce a nada...

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